Pocos directores saben describir de manera tan magistral como Woody Allen los sentimientos y las relaciones humanas. Café Society, tan sencilla y a la vez enrevesada, cuenta la historia de Bobby Dorfman, un joven neoyorkino que viaja a Hollywood a buscarse la vida trabajando para su tío Phil, un poderoso agente de estrellas y productor. Allí se enamora de Vonnie, la secretaria de su tío. A todo esto hay que añadirle una historia de gangsters paralela y una familia judía llena de tópicos

Con el cinismo de Hollywood de fondo, Allen entrelaza una historia de amor, dudas y elecciones racionales más que emocionales. Una historia donde la estabilidad premia más que el dictado del corazón, donde las decisiones causan dolor y donde los reencuentros con el pasado están muy presentes.

Como de costumbre, el director neoyorkino narra el drama en clave de humor. Un humor muy sagaz e irónico, con el sello inconfundible de Allen. Los personajes, de lo más variopinto, están muy elaborados y abarcan un espectro muy grande de personalidades. Sorprende el final, que seguro tendrá detractores porque es muy poco comercial. Los finales perfectos son más bonitos. Pero la vida no es perfecta y Woody Allen lo sabe, y lo cuenta, como nadie.

Foto destacada: El País

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