Durante la primera semana de mayo, como viene siendo habitual desde hace unos años, se celebra en la ciudad de Murcia el festival SOS 4.8 y que, tras unas ediciones cargadas de polémica, el año pasado cambió su organización y nombre al de WAM (We Are Murcia) y por razones desconocidas, este año cambió su nombre una vez más al de WARM UP (We Are Región de Murcia), seguramente por la traducción del inglés que hace referencia al cambio de tiempo que se produce por las fechas en las que se celebra el festival.

Nombres a parte, la edición de este año estuvo cargada de buenos nombres en sus escenarios y una programación para todo tipo de público: proyecciones en la Filmoteca Regional Francisco Rabal, exposiciones artísticas en locales del centro de la ciudad y conciertos, conciertos y más conciertos durante toda la semana del festival, tanto en salas y teatros como en el propio recinto de La Fica, donde el grueso del cartel hizo gala de grandes momentos.

El lunes 30 fuimos a la Filmoteca a ver el documental The Punk Singer, la historia sobre el icono del punk feminista estadounidense y el movimiento riot grrrl Kathleen Hanna, fundadora y líder del grupo Bikini Kill y Le Tigre, quien con sus letras cargadas de rabia, guitarrazos electrizantes y sus manifiestos punzantes y agudos consiguió que, al menos durante sus conciertos, el protagonismo lo tuvieran las mujeres.

El documental, altamente recomendable, nos muestra a través de entrevistas a diferentes personalidades y referentes musicales un contexto con imágenes de archivo en el que se habla de abusos físicos y psicológicos, de la creación de un espacio donde las chicas se sintieran incluidas, de Kurt Cobain, de la intimidad de la cantante y su enfermedad y, en definitiva, de una luchadora por los derechos de la mujer en una sociedad en la que imperaba el ser guapa, mona y no rechistar.

También pudimos asistir al concierto de los madrileños The Parrots, quienes a golpe de guitarra supieron mantener a toda la sala REM en pie durante la noche del lunes. Era la primera vez que los veíamos y nos sorprendió gratamente ver que saben defender muy bien sus canciones sobre el escenario, así como que su fama está más que justificada.

La noche del jueves 3 de mayo asistí al concierto de Rufus T Firefly, también en la sala REM, a quienes tenía muchas ganas de ver tan cerca como pude una vez más. Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro lideran una banda que es casi imposible de describir. Saben crear canciones que muchos ya quisieran. Saben crear melodías que muchos ya quisieran. Y saben tocar como muchos ya quisieran. Un concierto sobresaliente en el que tocaron temas de sus tres discos y adelantaron Demogorgon, la continuación de Magnolia.

Fue la segunda vez que les veía en directo (la primera fue durante su concierto en el Rockola Summer Club en la Azohía, en Mazarrón, donde lo flipé muchísimo) y me volví a erizar con cada punteo, con cada golpe de batería, con cada rasgueo de bajo, con cada beat de sintetizador. De verdad, desde aquí os lo digo: gracias. Gracias por ser capaces de crear esas atmósferas que creáis con vuestro y nuestro imaginario y plasmarlo en forma de canción con tanta efectividad.

Ya entrando en los conciertos del recinto de La Fica, el viernes 5 comencé la jornada asistiendo al concierto de Nada Surf, quienes mostraron su buen saber hacer rememorando su álbum Let Go, que este año celebra su 15 aniversario.
Nada Surf es uno de esos grupos que, por muchas veces que los veas, nunca te cansas de verles, pues la energía que transmiten en cada canción resulta monumental y han sabido consagrarse como uno de los mejores grupos que están girando actualmente por el planeta. La música de Matthew Cabs, Ira Elliot, Daniel Lorca y Doug Gillard encajó perfectamente a primera hora de la noche en un concierto en el que sonaron canciones como Always Love, Popular o I Like What You Say, entre otras.

Iván Ferreiro fue el siguiente en subirse al escenario junto con su séquito, entre los que estaban Amaro Ferreiro, Ricky Faulkner y Martí Perarnau e hicieron un repaso de toda la carrera del gallego, como viene siendo habitual desde hace ya bastantes conciertos. Abrieron con el último trabajo publicado, Casa, pasaron por la época de Los Piratas, y finalizaron haciendo un guiño a Maga, en el que Iván comenzó a cantar los primeros versos de 19 para unirla con Turnedo, en claro gesto cariñoso a los sevillanos.

Sidonie tomaron el relevo a Iván para darle al público lo que esperaban, El Peor Grupo del Mundo, que empezaron tocando temas de su primera etapa en inglés para después pasarse a su actualidad en español, moviendo a todo el que los escuchaba aunque fuera de lejos. El porqué de que Sidonie tocaran en el festival tiene su razón en que el año pasado no pudieron hacerlo por motivos que escaparon a su control, así que en gesto de buena voluntad y aprecio a su público murciano, los barceloneses se autoconfirmaron para esta edición de 2018.
Ofrecieron un buen concierto aunque no fuera algo que se saliera demasiado de lo previsto, la verdad.

Kasabian venían al festival como cabezas de cartel en lo que se suponía que iba a ser uno de los conciertos que más expectación iba a causar. La sorpresa vino cuando los de Leicester sonaron bastante regular (a mi parecer) en un concierto que me dejó con un sabor aguado y sin sustancia, muy a mi pesar, pues son un grupo que me gusta mucho pero que creo y considero que no hicieron un buen recital. Venían a presentar su nuevo disco, For Crying Out Loud, una serie de petardazos en forma de hits bastante bailables que pudieron defender ante el público del WARM UP, que combinados con temas de sus anteriores discos fueron una de las grandes apuestas internacionales del festival.

Algo muy contrario a lo que me sucedió con Kasabian fue lo que me ocurrió con The Octopus Project. Los de Texas fueron una propuesta muy muy atractiva para los amantes de la psicodelia y, aunque no solo de ella se nutre el grupo, dieron muestra de un alto nivel de dominio instrumental y control sobre los elementos, pues estaban a la intemperie y comenzó a llover sobre los instrumentos y los músicos, rodeados de cables y aparatos electrónicos. Afortunadamente les quedó un concierto redondo en el que dieron prueba que no por estar en un escenario pequeño iban a ser una propuesta nimia.

Personalmente, tenía las miras muy puestas en The Bloody Beetroots, los que considero que han sabido coronarse con su último trabajo publicado, The Great Electronic Swindle, un LP muy en la línea del grupo, con colaboraciones de alto nivel, como Tommy Lee, Justin Pearson, Jet o Nic Cester, combinando el rock más potente con el hardcore y la música electrónica más extrema. Un concierto muy esperado que disfruté muchísimo y en el que me dejé llevar por los sonidos estridentes que salían de los altavoces del escenario Estrella de Levante.

!!! (CHK CHK CHK) fueron otro de los conciertos que he querido ver una vez más y que nunca me han defraudado pero que esta vez no fue así. Prácticamente todos los conciertos que vi en el escenario Thunderbitch no me dijeron nada, me dio la sensación de que el sonido no estaba bien preparado en un festival que lo requería imprescindiblemente. En fin, que vi a !!! con una mezcla de ansia y desesperación porque no conseguía entrar en sintonía con el grupo de Nick Offer en casi ninguna de sus canciones. No por ellos, sino más bien por el sonido, que me pareció bastante regulero. En otras ocasiones he visto varios de los grupos que en este festival coincidían y me ha pasado justo lo contrario: han resultado shows espectaculares y en los que he disfrutado de las interpretaciones de los músicos como un enano.

El sábado, al día siguiente, entré directamente para ver algo del concierto de Izal, a pesar de no ser santo muy de mi devoción. Ya había visto a Izal anteriormente en festivales, e incluso, en conciertos en solitario. He escuchado sus discos y me tengo que hacer una pregunta: ¿Por qué Mikel Izal canta diferente en este último disco? Su voz es más grave y desentona con lo que ha hecho hasta ahora. El grupo venían a presentar Autoterapia, su último trabajo y me atrevería a decir que el 95 % del público asistente del festival se congregó en ese concierto. No cabía un alma en el escenario Estrella de Levante. Gusten más o gusten menos, cabe destacar que el grupo tienen un puñado de buenas canciones que defienden con soltura y profesionalidad cada vez que se suben a un escenario.

El siguiente grupo al que vi fue a Dorian. Soy bastante fan de los catalanes y su pop electrónico, con letras enérgicas y cargadas de ritmo pero creo que, una vez más, la sonorización del escenario Thunderbitch no estuvo a la altura del grupo de Marc Gili. Presentaron alguno de los nuevos temas que formarán parte de su nuevo disco, Justicia Universal, como pudieron ser La Isla u otras tan famosas como La Tormenta de Arena, El Temblor o Arrecife.

Otro de los cabezas de cartel fueron los ingleses Alt-J. Nerds como ellos solos, destacaron con un concierto sobresaliente que fue acompañado por unos visuales y una iluminación súper atractivas, que hicieron las delicias de los fans del grupo. Fue uno de los mejores conciertos del festival, sin lugar a dudas, y es que el grupo arrasa allá por donde va. Aunque no sean las almas de la fiesta, el haberlos incluido en el cartel del festival ha contribuido a que la oferta sea más diversa y diferente a todo lo demás. Alguno de los temas que tocaron fueron Bloodflood, 3WW y Breezeblocks.

Tras pasar a tocar en festivales a primera hora de la tarde a hacerlo en horario de más afluecia de gente y tras haber conseguido una fama que no les hace justicia, porque en mi opinión merecen mucho más, Viva Suecia ofrecieron un gran concierto con picor en la polla, como dijo Rafa Val. Nuestros murcianicos son uno de los mejores baluartes de la escena murciana y prueba de ello fue el conciertazo que se marcaron a pesar de haberlo hecho en el dichoso escenario Thunder Bitch. No se veía el final del público durante el recital y el cuarteto se enfrentó a una audiencia sedienta de fiesta con estilo impecable y potentes cañonazos de sus dos LP publicados hasta la fecha.

Para finalizar el festival, el grupo que puso la guinda a mi noche del sábado fue Joël Iriarte, alias Super Crepus, alias Joe Crepúsculo con su techno rumba sin complejos. Sus manos parecen haber sido diseñadas para tocar el sintetizador y dio muestra de ello en el concierto que dio en el escenario D’Franklin, con temas como La Verdad, Leyenda o Mi Fábrica de Baile.

Para finalizar, diré que el festival estuvo bien, aunque en algunos momentos había sensación de agobio debido, posiblemente, a que redujeran el tamaño del recinto y que en algunos momentos la aglomeración era tal que te impedía el movimiento por completo. Dejando de lado alguno de los aspectos negativos, espero que el festival mejore para las futuras ediciones que se celebren en la Región y que no se le tenga como el hermano pequeño del Low Festival, ya que este año también ha sido organizado por Producciones Baltimore.

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