AVISO: Si buscan la aventura, se exige la máxima puntualidad. Ya lo avisó Ángel Stanich a través de las redes sociales, y no mentía. A las 21:15h exactas el público de la Sala But se embarcaba en el Camino Ácido de este peculiar rockero que no acepta entrevistas (si obviamos la exclusiva con El País de hace una semana) y que no las necesita, porque sus fans crecen de una forma descontrolada, similar a como lo hace la maraña que ocupa su tez y que ya su indiscutible sello de presentación.

Llenando el escenario con su voz aguda e intimista, Ángel creaba un ambiente único, en el que el público se ponía en la piel de los extraños personajes que pueblan sus historias en forma de canciones. Para los más fieles, Stanich lleva en el mercado musical tres años. Para los menos, Stanich es un tipo curioso, una rareza en el panorama musical español, que conquista con alguna de sus letras cuando menos te lo esperas.

Los temas del que es su primer (y único) disco, llenaban la sala acompañados de unos coros provenientes de los espectadores. Stanich agarraba el micro y confesaba estar nervioso y sobrecogido por la masa que le acompañaba bajo sus pies. Un tipo tímido al que la fama no le viene grande, pero sí por sorpresa, y a la que mira desde sus pequeños ojos marrones, escondidos entre esa maleza castaña que le protege de estar sobreexpuesto a la masa. Un tipo al que le gusta ser Ángel caído.

El viaje por el camino de Stanich, a manos de sus personajes canallas, perdidos y que buscan recomponerse y evadirse entre drogas, alcohol y carretera, iba sobre ruedas, hasta que topó con un bache. Una retahíla de nuevos temas y versiones inesperadas. Falló el recorrido escogido, hubo un parón entre los viajeros, quienes, impacientes, pedían continuar el trayecto por los parajes que ya conocían. Impacientes y sin saber disfrutar de las nuevas vistas.

Y volvieron a su sitio, disfrutando de su ansiado Mezcalito, Carbura! y, cómo no, Metralleta Joe, el favorito del público. La ceremonia de clausura fue, sin duda, la etapa más esperada de una odisea por los relatos de Ángel Stanich, un cantante que no encuentra rival, porque simplemente no hay quien le iguale.

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