Sabes cuándo te encuentras en el momento perfecto y en el lugar adecuado. Esa sensación de adrenalina de azúcar y lima sube por tu garganta, esa sensación emerge de las entrañas hasta llegar al mismo techo por el que ascienden las mismas palmeras de la sala La Riviera de Madrid, que surgen como el complemento perfecto para una helada y llovida noche de primero de marzo.

Los asistentes, intranquilos por el tiempo de espera, apuran las primeras cervezas que ponen sabor a la noche y, de repente, devoran la primera canción del gallego, quien abre su espectáculo rodeado de músicos y Jaguar, esa misma canción que da comienzo a su último trabajo, ‘Sueños y pan’, del que aseguró tener una propuesta centrada en el equilibrio y el ying y el yang.

Nada lejos de esta aseveración debido a un tracklist de subidas y bajadas, de salidas e introspecciones, de castellano y gallego. ‘Cometa’, ‘Primavera’ o balas dieron paso al reconocimiento y el buen hacer del músico, que fue coreado con cariño por los que estábamos aprovechando uno de los mejores conciertos del año. Tanto que una servida se olvidó de hacer más fotos debido a la hipnosis de sus canciones.

Añadiendo algunas aclaraciones al principio de algunos temas, como en Estaciones, que no tuvieron el placer de interpretarla en los anteriores conciertos de verano, o ‘Frutos’, de la que advirtió que próxima vez sería interpretada con Miren Iza, cantante de Tulsa, el artista recibió con aplausos y coros los estribillos de sus temas, notándose mayor emoción y apego por aquellos cantados en gallego.

Así, A serea e o mariñeiro y Serpes fueron bailadas y disfrutadas por un público entregado y agradecido por hacer un extenso repertorio en el concierto, en el que incluyó una veintena de canciones y diversas conversaciones instrumentales entre sus acompañantes, que movían las maracas, panderetas y teclados con tremenda gracia y la suavidad requerida en cada tema.

Mención especial a dos momentos especiales de la noche siendo el primero un solo de guitarra que puso en evidencia la facilidad que tiene López, previo Deluxe, para pasar de las influencias más britpop y blues, rascando con fuerza las cuerdas de una semiacústica que sonaba con especial sensualidad y gentileza.

El otro de ellos fue la forma en la que dio paso al final de su concierto a los bises, que fueron El amor valiente y De piedras y arena mojada, cuando advirtió a los presentes que era momento de despedirse en movimiento subrayando el ritmo de la noche.

La noche del jueves 1 de marzo, quizá el peor día del año en la capital meteorológicamente hablando, se convirtió en una sauna de ganas y fiesta, sonrisas y lágrimas. Nos merecemos un artista como Xoel López y, por ello, repetiremos en su próximo encuentro en Madrid. En el caso de que vuelva a ser La Riviera el lugar escogido, a la que recordó por su actuación en 2007 con “su otro yo” que era Deluxe, prometemos ponernos nuestras mejores camisas de flores para añadir ese sabor a mar y a rock que requiere el feedback de sus grandiosas intervenciones.

Sobre El Autor

Todo queda mejor en blanco y negro. Actitud y perspectiva son dos términos que suelen funcionar bien. Nada como el final de los 60. Marc Bolan, Bob Dylan y Jack White lo han hecho todo.

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