Placebo publicará el próximo 7 de octubre el álbum A Place for Us to Dream, que realiza una retrospectiva de la banda e incluye un nuevo y notable single: Jesus’ Son. El recopilatorio vendrá acompañado de una gira europea, que arrancará en Dinamarca y finalizará en el estadio de Wembley, en Londres. La mala noticia es que no hay ninguna fecha prevista en España, por lo que habrá que esperar para poder disfrutar de la banda en directo dentro de nuestras fronteras. Una lástima. Mientras tanto, nosotros nos damos el gusto de repasar la trayectoria de Placebo.

1996 – 2016: CORAZÓN DE CENICERO

El embrión que Brian Molko (nacido en Bélgica) y Stefan Olsdal (nacido en Suecia) habían incubando con mimo durante dos años vio la luz en 1996 en forma de un álbum homónimo afilado, tan revelador  como una huella dactilar. Dentro de ese cajón de sastre que llamamos rock alternativo, la banda formada en Londres esculpió un sonido único en plena vorágine del britpop. Sabiendo apartarse de los cánones más reconocidos del momento, Placebo asimiló influencias que van desde el glam hasta el post-punk y le añadió talento. Un talento innegable, que hizo que el mismísimo David Bowie pusiera el ojo en estos veinteañeros y colaborase con ellos en su segundo álbum, el imprescindible Without you I’m nothing (1998).

Placebo eran capaces de construir auténticos himnos de esos que remueven en lo más hondo y permanecen por tiempo resonando en las cabezas. Las guitarras siempre fulgurantes, los calculados escarceos electrónicos, la inconfundible voz de Molko… Seguían avanzando en el camino. ¿Cuánto tardarían en llegar a lo más alto? Apenas tres discos más. Con el cambio de siglo llegó Black Market Music, del que rescato y destaco una debilidad personal: Slave to the wage.

En 2003, la publicación de Sleeping With Ghosts supuso el definitivo paso al frente de la banda. Obras maestras indiscutibles como The Bitter End o Special Needs los confirmaron en la cumbre del panorama internacional. Insuperable. Pero no basta con llegar, y tres años más tarde reafirmaron que lo suyo no era algo pasajero con la publicación de Meds. Cinco álbumes. Diez años. Placebo sonaba a Placebo. Dos segundos bastaban para identificar su sonido, ya estuvieran inmersos en una melancólica balada o rasgaran con rabia sus guitarras. Y siempre superaban las expectativas.

Las letras grandes de los carteles festivaleros no pesan sobre sus hombros y, aunque la lucidez de otras veces es intermitente, mantienen su estatus de banda de primerísima línea. Battle for the Sun (2009) fue una digna continuación de su trayectoria anterior, reluciendo especialmente cuando repasaba caminos ya transitados. Loud Like Love (2013), su disco más flojo hasta la fecha, sirvió al menos para traernos a la banda de concierto, algo que, por el momento, no promete su nueva gira.

FINALES AMARGOS

Es curioso. Frente a los incombustibles Molko y Olsdal, la banda ha contado con hasta cuatro percusionistas. El baterista  Robert Schulzberg se unió al núcleo fundador en los primeros instantes de vida del proyecto, pero tras la grabación del primer disco abandonó la banda y fue sustituido por Steve Hewitt. Éste formó parte del grupo desde 1996 hasta 2007, pero el puesto del batería nuevamente vivió una renovación. En 2008 tomó las baquetas Steve Forrest, nervio de refresco procedente de la banda de punk rock Evaline. En 2015 también abandonó  y su puesto fue ocupado por Matt Lunn. Visto lo visto, no nos atrevemos a pronosticarle una larga trayectoria en la banda.

Foto de portada: Wikipedia

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