Le exigencia de puntualidad fue en vano para los más rezagados, entre los que me incluyo. Qué rabia que durante la semana el sol brille y cuando se aproxima el fin de ella brille también… por su ausencia. Nos habían comentado que para disfrutar de la música de Nat Simons eran imprescindibles unas gafas de sol, estamos de acuerdo, pero entonces no podríamos distinguir con claridad lo que teníamos delante: a una de las representantes de la música americana en España.

Cuando tuve la oportunidad de entrevistar a Nat me di cuenta de su fuerza y su capacidad de luchar por hacer la música que le llena y le gusta. Viajó a Estados Unidos y pudo grabar su tercer y último disco en Carolina del Norte con Gary Louris de The Jayhawks, uno de sus músicos admirados , como productor… una faceta que desconocía. Lo cierto es que le sorprendió tanto como a nosotros el hecho de tenerla de vuelta a España para dar comienzo a su gira de presentación de ‘Lights’.

The Secret Social Club, el Medias Puri en versión sala de conciertos, fue el lugar donde lo hizo; una sala que me pone de los nervios por lo irrespetuosos que somos los que vamos a ¿disfrutar? de un concierto, puesto que no dispone del sonido envolvente de otros espacios creados para ello. Así que nos fuimos a las primeras filas, donde estaba el cotarro, donde había sudor y aplausos, dejando atrás a los sosos que ni con ‘People’ movían el esqueleto.

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En su repertorio no faltaron las canciones lentas, como ‘You just can’t imagine’, ‘Endless Summer Road’, o ‘Happiness’, que fueron acogidas con la misma calidez que desprenden en sus interpretaciones. Desde luego que la banda que acompañaba a Nat supo concentrar toda la energía en temas más tranquilos y pasaba con rapidez y soltura a las canciones más movidas, mencionando en especial a su hermana Elena, que acompañó en los coros y la pandereta como si fuera un reflejo de Simons. Pero la protagonista era la chica del flequillo, la mujer camaleónica que cree en sus canciones tanto como en su profeta, Bob Dylan.

Por él empezó a tocar la guitarra con tres acordes y a él quiso hacer un pequeño homenaje al final del directo, cuando sacó la armónica y añadió algunas notas al final de cada estribillo en ‘Ain’t no blues’. Con ellas puso en evidencia la inmensidad de influencias de su música y de su persona. Trasladó a los presentes a otra parte del mundo y nos hizo pisar las calles de Nashville, Memphis y Chicago, tres de las ciudades a las que sabe su último disco.

Durante la poco más de hora y cuarto que duró su concierto Nat fue transparente, una auténtica bomba de la compostura y el buen gusto. Como decíamos al principio de este artículo, supo demostrar su fe y dio pie a que los demás tuviéramos fe en que la buena música se encuentra en las canciones más sencillas, sentidas e iluminadas de los discos… o también en las más sensuales. Mención especial a ‘Desire’, uno de los temas más melosos del disco que suena tan bien en el plateado como en el escenario, poniendo la nota sensual a una sala llena de gente, entre ellos varios rostros conocidos, que por un rato fueron familia.

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