Por un lado, hay dos aspectos visuales que me hacen llorar: las injusticias y el llanto de los que quiero. Por otro, existen dos puntos auditivos que me provocan las mismas sensaciones: la armónica y los instrumentos de cuerda. Pues a Maika Makovski se le ocurrió mezclar arte y un cuarteto de cuerda la noche del jueves 20 de octubre en el Teatro Lara, donde ya la vimos hace un año y medio, dejándonos la misma sensación de querer volverla a ver.

A ella y a sus músicos. Recuerdo que la primera vez que la escuché me sonó a conglomerado, a una unión de diferentes partes que formaban una voz único que pasa de la fragilidad a la brutalidad. Era un concierto en acústico, en el mismo teatro, bajo la misma iluminación, con las mismas ganas. Piano, guitarra y cascabeles, no había nada más.

Indiegestionsonora-Noelia MurY ayer… lo volvió a hacer. Todos los que tuvimos la oportunidad de estar allí nos deshicimos en aplausos que, muchas veces, estaban acompañados del abandono de las butacas. Una agradecida Makovski comentó que se sentía muy bien de estar poniendo banda sonora a la noche madrileña de nuevo, además de que se mostró muy feliz porque su padre ocupaba uno de esos asientos. “Y me preguntaréis… si está aquí tu padre, ¿cómo se te ocurre ponerte ese escote?” añadió como observación.

Estaba bellísima, por el vestido, por el escote o por las botas, que siempre me vuelven loca desde que leí el título de su disco publicado en 2012, ‘Thank You For The Boots’. Este, cargado de optimismo, dista en buena medida del recién compartido ‘Chinook Wind’, un álbum que recoge algunos temas como ‘Blonde Poetry’, ‘Not in love’ o ‘Father’; todas ellas interpretadas con especial delicadeza y fragilidad.

Pero a Maika se le mete entre ceja y ceja volverse rockera de vez en cuando, que es como más nos gusta, y después de ‘Language’ –donde cabe destacar que la gente se volvió medio loca a pesar de no ser una sala habilitada para el baile—vino ‘Bulldog’, una de las canciones más cañeras de la última cinta.

Con ‘Makedonija’, la cantante y compositora volvió a recoger sus raíces macedonias, que junto con el cuarteto de cuerda planteado anteriormente, la batería y la trompa redondeó una interpretación magistral. Por ello, a un asistente se le ocurrió hacer la petición de ‘Song of distance’, provocando la frecuente risa de Makovski. “Venga, pues Song Of Distance”.

Indiegestionsonora-Noelia MEsta canción, desde un punto de vista personal, es ampliamente arrolladora. Esto se debe a que su voz pasa desde la más fina sutileza a la mejor rigidez y escabroso aúllo. Unas cualidades que no perdió en el enfoque que da título a su disco, el tema ‘Chinook Wind’… como tampoco pasó con una de sus más escuchadas, cantadas, tarareadas y reconocidas tomas ‘Lava Love’.

En definitiva, hora y media da para mucho o para nada, según se vea. Para mucho porque la artista hizo un recorrido extenso por todo su nuevo disco, que junto con el juego de luces y la especial agudeza del sonidista sonó de manera excepcional. La limpieza de cada uno de los instrumentos junto con la buena graduación de la voz de la cantante hicieron que nos pareciera que no daba para nada. Nos quedaríamos horas y días encerrados entre las cuatro pareces del Lara para conseguir nuevos tratamientos de cada una de sus creaciones.

En muchas partes del mundo, pero principalmente en España, tenemos la grata oportunidad de poder escuchar a Maika Makovski en salas pequeñas, donde el intimismo desata el mejor encuadre de su música, que gusta desde el primer segundo por el amor que ésta profesa a su profesión.

Pocas artistas se dedican de la misma manera que esta mallorquina-mitad-macedonia, que da conciencia de la felicidad y el empeño con el que musicaliza los días con una impoluta puesta en escena, sencilla, pacífica, fresca y risueña. 

Sobre El Autor

Todo queda mejor en blanco y negro. Actitud y perspectiva son dos términos que suelen funcionar bien. Nada como el final de los 60. Marc Bolan, Bob Dylan y Jack White lo han hecho todo.

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