8.8Nota Final
Puntaje De Lectores: (1 Voto)
10.0

“Venga”, espeta Abraham Boba. Y allá vamos. El segundo álbum de León Benavente arranca con “California”, un trallazo que pone al descubierto las cartas del grupo: un sonido oscuro, frenético, donde los sintetizadores ganan protagonismo para construir himnos de estadio. O al menos de escenario principal en festivales, pues León Benavente juegan en esa liga.

Aparecieron sin hacer mucho ruido, pero Abraham Boba, Luis Rodríguez, Eduardo Baos y César Verdú ya llevaban un tiempo en esto de la música. Su debut dejó un inmejorable sabor de boca allá por 2013 y se metieron al público en el bolsillo con sus enérgicos directos. 2 (Warner, 2016) llega para confirmar que aquí tenemos banda para rato. Una banda cuyas señas de identidad están claras, pero que ahora adquieren nuevas cualidades. Los sintetizadores asoman la cabeza para definir el sonido del álbum. Las guitarras continúan afiladas, explotando en los momentos exactos y apoyándose en la potente sección rítmica para elevar las canciones al clímax. Las letras, recitadas entre el spoken word y la arenga de masas, huyen de lo sutil recurriendo a una franqueza casi simplista. La crítica social y política (que habrá quien califique de cómoda y acomodada) se desprende de unos versos que se incrustan en la memoria y que a buen seguro serán coreados en sus conciertos.

Si “California” empieza a todo trapo, sirviendo de declaración de intenciones, “Tipo D” no se queda atrás, con su martilleante sintetizador y una retahíla de irónicos deseos enumerados por Boba. No hace falta que su letra trate de convencernos de que es un hit. Lo es, pero es que en 2 los hits se suceden uno detrás de otro. De la contención de “La Ribera” (para quien escribe, la mejor del disco) a la euforia de “Gloria”. Hasta cuando relajan un poco las revoluciones por minuto les sale un tema redondo como “Nuevas Tierras”; aunque después recuperan el frenesí más rockero, como en “Celebración – Siempre hacia delante”. La “canción protesta pop” es, sin duda, el terreno más transitado por León Benavente. Mientras todo lo malo se canaliza positivamente en “Aún no ha salido el sol”, “La vida errando” se muestra taciturna y resignada en su mensaje. Incluso cuando los tiros parecen ir por otro lado, nunca desperdician la ocasión de lanzar algún que otro dardo, como sucede en la postrera y densa “Habitación 615”, donde la reconocida referencia de Mark Kozelek (Sun Kil Moon) depara una narración hiperrealista de una estancia de la banda en México. Las etiquetas sobran por inútiles: León Benavente suenan a León Benavente. Y estas nueve canciones constituyen uno de los álbumes más excitantes lanzados en los últimos tiempos en la escena nacional.

Empezamos el viaje en California y lo terminamos en México D.F. Entre medias, uno no puede dejar de pensar en España y en que, entre todas las cosas que nos merecemos en mayor o menor medida, tenemos suerte de contar con León Benavente.

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