Bien, cerremos los ojos por un momento y ahora… Imaginemos el final de un concierto donde la gente no para de sonreír de pura felicidad, donde no se sabe quién aplaude más fuerte, si los que ocupan la pista o los que ocupan el escenario, donde todo está impregnado de una atmósfera mágica que te envuelve y quieres más y más. ¿Lo tenemos? Perfecto! Bienvenidos/as a Freedonia.

Tras un fin de semana de reflexión sobre lo vivido el pasado 19 de enero en La Riviera, ahora toca intentar explicar con palabras lo que allí sucedió. Freedonia se plantó en el escenario delante de un “sold out” presentando tu tercer disco, Shenobi, y levantando numerosas expectativas.

Las luces se encendieron, comenzaron los primeros acordes de Origen y se hizo el silencio. Todo el mundo estaba expectante ante la puesta en escena de Maika Sitté, ausente hasta el momento. Apareció arropada por esta gran introducción instrumental y le puso voz a los primeros temas Evolution, My World o Nekope (cantados en su idioma y dedicados a su madre). Con el apoyo familiar de sus hermanos en el coro, Maika cautivó al público desde el primer instante.

La setlist del concierto evolucionó acompañada por las luces, en su mayoría de tonalidades moradas o rojas, transmitiéndonos la historia que allí se narraba: esa lucha por la libertad y la fuerza. Incluso la vestimenta de la propia Maika formaba parte esta gran obra. Partiendo con un inicio más familiar y más calmado, el concierto se transformó en un gran intercambio de energía entre el escenario y el público.

El concierto se desarrolló de una manera impecable. Sin parar un instante, Sitté proyectaba puro soul por su garganta. Se podía ver, sin lugar a dudas, la gran complicidad entre todos los miembros de la banda que nos hicieron reír, llorar e incluso bailar como si no hubiera mañana con temas como Shake your Bady, Last Answer  o Running to Nowhere.

Desafortunadamente, todo tiene que llegar a su fin, pero el concierto no terminó si antes poder disfrutar de un último bis, el tan esperado Begging You (varias veces coreado entre el público). Tras él, la banda se despedía entre aplausos y signos de agradecimientos. Pero no todo terminó ahí, tras la insistencia del público tuvieron que tomar el escenario una vez más para despedir La Riviera haciéndonos disfrutar de otro de sus temas.

Tenían fama por poseer unos de los mejores directos de España actualmente. A mí no me queda ninguna duda después de lo vivido el pasado viernes. Y es que cuando la música se utiliza para transmitir sentimientos puros y una idea sincera poco se puede decir, tan solo disfrutar.

Larga vida al soul, larga vida a Freedonia.

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