La banda toledana busca hacerse hueco en el circuito independiente y lo hace con su flamante EP bajo el brazo. Es el primero y está compuesto por cinco canciones. Apenas 23 minutos en los que esculpen su carta de presentación: idiosincrasia pop, actitud rock and roll y canciones bien hechas.

Si algo destaca de Lab’s Trapp, precisamente, es que saben hacer canciones como Dios manda. Recurriendo a la clásica fórmula “estrofa + estribillo + puente + estrofa + estribillo + puente + solo + estribillo”, componen cápsulas que evaden lo predecible, con aparentes desvíos en un camino que persigue un unívoco final: elaborar un cancionero de (des)amor, tan hiriente y desolador como liberador. Y es que “Deola” en su conjunto puede apreciarse como una oda al corazón roto, algo tan personal como universal. Un EP tan apto para un doloroso pero reconfortante viaje a lo más hondo de uno mismo como para ahuyentar fantasmas pasados, presentes y futuros. Un EP para cantar, bailar, disfrutar y sufrir; pero, todo ello, con rabia y a pleno pulmón.

lab's trapp deola

“Grita” se erige entre el conjunto como pieza representativa del sonido del grupo. Cambios de registro vocal; guitarras que se mueven entre la distorsión ensordecedora y la limpieza más suave; riffs precisos que dejan su lugar, cuando corresponde, a solos desbocados; potentes líneas de bajo que reclaman protagonismo; percusión sin complicaciones pero sin dudas. Se trata, por tanto, de la piedra angular de esta obra de pop melancólico -así corroborado por su designación como single (con su videoclip pertinente)-, pero no de la única canción digna de referencia. “Escombros” es un potencial hit de pista de baile indie, con un riff impecable que hará mover los pies a cualquiera que alguna vez haya tarareado una canción de Two Door Cinema Club. Atención también  a “Reencuentro” y su épica ascendente, o a “Final perfecto” y su euforia incontenible, que sirve para poner el broche final a este trabajo.

Lab’s Trapp lo componen Gonzalo (guitarra), Javi (guitarra y voz principal), Iván (bajo y coros) y Poty (batería). También en su formación se aprecia una convencionalidad que, sin embargo, resulta bien efectiva en sus conciertos. No necesitan añadidos para trasladar su sonido a unos directos hedonistas y enérgicos. Si bien no podemos hablar de innovación musical o de propuestas arriesgadas, al César lo que es del César: lo que hacen, lo hacen de maravilla y con personalidad. Especialmente reseñable es la actitud de su cantante y frontman, cuya figura se engrandece a lo largo de la actuación acaparando, incluso involuntariamente por parte del espectador, la mayor parte de la atención. Las razones de ello son su potente voz, su atractiva pose y una teatralidad que parece natural: esa que le lleva, por ejemplo, a agarrar unos calzoncillos lanzados desde el público, encajárselos en la cabeza y cantar una canción de esta guisa.

La banda se ha desfogado en la capital castellano-manchega, dando el salto a las salas madrileñas, donde han presentado “Deola” tanto en acústico como en eléctrico. Su mini-gira finalizó el pasado 26 de febrero en la sala Juglar, pero no descartan próximas fechas de vuelta en Toledo. Eso sí, de momento no se imponen prisas para rubricar su primer larga duración.

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