Hablamos con la escritora Sabina Urraca, autora de ‘Las Niñas Prodigio‘, una novela tragicómica parcialmente autobiográfica que explora todas las etapas de la vida de la protagonista. Un relato contemporáneo sobre la identidad.

En “Las niñas prodigio” exploras todas las etapas de la vida de la protagonista. Hay espacio para el amor, las drogas, la amistad, la primera menstruación, etc. ¿Cuál sería el tema que une todas las historias?

El tema que une todo el libro es el de esa superación sufriente para llegar a alcanzar una especie de virtud extrema. Últimamente he leído varias biografías de niñas santas y, mientras leía, me acordaba también de “Celia en el colegio” (libro de Elena Fortún); concretamente, del capítulo en que ella quiere ser santa e intenta ser desgraciada para ser santa. Esta búsqueda de santidad de alguna manera me recuerda a la búsqueda de virtud que hay en “Las niñas prodigio”. También es importante el tema de querer ser querida por los demás. La protagonista se enamora, de maneras muy oscuras y subterráneas, de mucha gente, queriendo ser amada como ella ama. Creo que esto es lo que vertebra todo el libro.

En una entrevista dijiste que algunos te exigían ser como Bridget Jones, siempre torpe y graciosa. ¿Crees que con el libro puede haber gente a quien le pase lo mismo? Es decir, que esperen que se van a reír. ¿Cómo está siendo la acogida?

Es verdad que hay algunas personas que esperaban un libro cómico. Yo no creo que escriba siempre con humor. Es cierto que siempre hay un humor y una ironía presentes en casi todos mis artículos y posts de Facebook, que era lo que la gente había leído hasta ahora, pero también escribo sobre temas amargos y hago mucha crítica. Existe esa tendencia a quedarse con la risa, con la gracia. Eso es la búsqueda más fácil. La gente va al teatro y lo que busca es empezar a reírse enseguida y eso es algo que me incomoda bastante, esa carcajada precipitada a destiempo. Ha habido algunas personas que se sacaban fotos con mi libro y ponían en redes sociales: “Me encanta. Cómo me estoy riendo”. Y yo pensaba: “Madre mía, no. Estás desvelando que no has avanzado mucho en tu lectura. O igual no lo estás leyendo y tienes la idea de que es un libro con el que te vas a reír”. Dije precisamente lo de Bridget Jones por esto. Hay gente que busca clichés en los que clasificarte y no se para a abrir el libro. Esta necesidad de acotarlo todo, de meterlo en su cajón correspondiente, resulta un poco cargante. Nos pasa a quienes diversificamos. La gente no sabe dónde colocarte. Debo decir también hay mucha gente que ha leído el libro como lo que es.

 

  “Es verdad que hay mucha gente que esperaba un libro cómico. Yo creo que no soy cómica, no escribo siempre con humor. Siempre hay un humor y una ironía presentes pero también escribo sobre temas amargos y hago mucha crítica, autocrítica y autoanálisis”

 

¿Cómo surgió la idea del libro? ¿Tenías claro desde el principio que querías escribir sobre las niñas prodigio?

Siempre he tenido una especie de obsesión por las niñas prodigio. Es una idea que siempre ha estado en mi vida. De pequeña quería ser una de ellas. Las envidiaba, las amaba y las odiaba muchísimo. Y yo, obviamente, no era una niña prodigio. Tenía esta idea central, y todo lo demás se fue construyendo. El irme al campo también hizo que una nueva trama atravesase todo el libro. Al tiempo que lo escribía, vivía e imaginaba cosas muy potentes que no podía dejar fuera.

¿Fue duro el proceso de escritura en el campo?

Sí, fue horroroso. Horroroso de verdad. Escribir es espantoso. Sobre todo escribir una primera novela. Ahora estoy empezando la segunda y creo que esta la voy a disfrutar más pero, en aquel momento, sentí constantemente que no iba a poder, que no iba a ser capaz. Me daba absoluto terror la posibilidad de fallar a mi editor, fallarme a mí, fallar a toda la gente que esperaba algo de mí. Fui escribiendo sin darme cuenta de que en realidad no tenía ni idea de lo que era el libro. Ir construyéndolo fue una locura. Luego, aparte, el valle en el que lo escribí es un paraíso salvaje, pero al mismo tiempo un lugar muy aislado y muy difícil. Acabo de volver a pasar allí 4 días. No iba desde que terminé el libro y fui a llevarles unos ejemplares a los amigos que hice allí, que me cuidaron muchísimo. Han sido cuatro días muy intensos. Me he dado cuenta de la densidad que hay allí. Fui con unas amigas y prácticamente no dormimos. Ellas ya habían leído el libro. Una noche me desperté y no sabía si realmente estaba pasando algo o si me estaba sugestionando por el libro. Pasé miedo, más miedo del que pude pasar escribiendo el libro. Le escribí a mí editor diciéndole que no entendía cómo había podido estar un año allí. Al hacerse de día, como siempre, me pareció un lugar mágico y maravilloso. Sé que ese valle va a ser para siempre un lugar importantísimo en mi vida.

Esta segunda novela no la escribirás allí, ¿no?

No (risas). Llegué el primer día y dije “por qué no”. El segundo día dije “ni de coña”. Es un lugar muy denso, con muchas vivencias atrapadas en cada casa. En el libro, un amigo de la protagonista le escribe qué tal está, y ella dice que la casa está encantada, a lo que el amigo responde qué significa encantada. Ella dice que es “una casa encantada es una casa en la que han pasado cosas que hacen que al que la habita le sea difícil convivir con esas cosas que pasaron”. Eso es lo que sucede allí. Pero sí que me gustaría retirarme a algún sitio, aunque sea un mes o dos. En Madrid es complicado escribir otro libro.

 

“Escribir es espantoso. Sobre todo escribir una primera novela. Ahora estoy empezando la segunda y creo que esta la voy a disfrutar más pero, en aquel momento, sentí constantemente que no iba a poder, que no iba a ser capaz”

¿Se puede avanzar algo de esta segunda novela?

Sí. La idea de la segunda novela que estoy escribiendo se me ocurrió paseando a mi perra. En los largos paseos que damos ella corre suelta, va y viene, y yo tengo mucho tiempo para pensar. Es tiempo vacío, de mente en blanco. Y es todo este tema del mundo de las mascotas – que es súper enfermizo y oscuro-, y las conversaciones que tienen los dueños, lo que ha hecho que surja una idea y, ahí estoy, en el camino. En realidad va de otra cosa, no de perros, pero ese ha sido un poco el punto de partida.

Sabina Urraca

El libro lleva por título “Las niñas prodigio” pero, sin embargo, ¿podríamos decir que va de todo lo contrario? ¿Cuál es el prodigio de la protagonista?

Sí, en realidad va de todo lo contrario. Va de una niña y muchos niños normales, con toda su oscuridad y toda su mierda. Supongo que el prodigio que tiene es el de complicarse la vida muchísimo. Hubo un momento en que me di cuenta de que este personaje que estaba escribiendo era algo así como una anti-Lolita. Este personaje retorcido, y en realidad tan maduro, con deseos adultos, llega a perseguir a un hombre, corriendo por la calle. Quiere ser una mujer fatal, pero de alguna manera no le hacen caso, e incluso es ignorada en favor de otra niña que de alguna manera sí responde al perfil.

 

“La idea de la segunda novela que estoy escribiendo se me ocurrió paseando a mi perra (…) todo este tema del mundo de las mascotas – que es súper enfermizo y oscuro-, y las conversaciones que tienen los dueños, ha hecho que surja una idea y, ahí estoy, en el camino”

 


Se habla del aborto con naturalidad. También del sexo, del paso a la madurez con la llegada de la regla. ¿Querías darle un enfoque feminista o, sencillamente, es la propia identidad de la protagonista quien genera que se hablen de estos temas?

Directamente son temas que surgen, que podrían estar tanto en el mundo de las mujeres como en el de los hombres. De hecho, me parecen temas universales, muy potentes y aprovechables a nivel literario. No considero que sean temas exclusivamente femeninos.

En un momento del libro la protagonista dice “hay raptos tan definitivos que te roban el alma de una sola vez”. ¿Cómo sufre este rapto?

Ella dice que sufre un rapto mental gradual, a cuentagotas, que poco a poco va quedándose con ella. El ver a Punky Brewster sonriendo, a Drew Barrymore ceceando o a Shirley temple bailando claqué, entre otras imágenes, la va secuestrando poco a poco.

Resulta curioso, aunque comprensible por el contexto de niñas prodigio, leer el nombre de Punky Brewster, Nadia Comaneci y Bertín Osborne en una misma novela.

Bertín Osborne, cuando yo era pequeña, presentaba programas de niños prodigio, como “Bravo Bravísimo”. Era una figura muy presente en mi infancia, el maestro de ceremonias que mostraba a aquellos enanos sabios. Siempre fue un tipo desagradable y perturbador. Recuerdo que era muy raro cómo trataba a los niños, como si se burlara de ellos. Todos -Punky Brewster, Nadia, Bertín- pertenecen a la cultura popular de la gente, al mundo que veíamos por la televisión. La cultura popular es precisamente eso: un batiburrillo de caras y momentos.

‘Las niñas prodigio’ es un libro que puede remover e incomodar, que como lector puede hacer que recuerdes tu infancia, tu adolescencia, etc.  Cuando tú lees un libro, ¿también buscas esa incomodidad? ¿Qué le exiges como lectora a un libro?

Me gustan muchos tipos de libros pero, en general, es verdad que desde siempre me llega o me gusta más cualquier artefacto cultural que me siente especialmente mal. Me di cuenta desde pequeña: cualquier cosa que me inquietaba o me removía me gustaba más, y la guardaba con especial cariño. Me alegro de que la lectura de “Las niñas prodigio” resulte incómoda o inquietante a algunas personas, porque es lo que le exijo yo al arte.

 

“Tengo predilección por ese tipo de productos culturales, por todo aquello que sienta mal y remueve”

 

Por último, ¿qué libro nos recomendarías?

‘Vida de provincias’ de María Yuste. Es un libro que, además, me parece que también incomoda. Ha sido un referente a la hora de escribir el mío. Me lo llevé al valle y lo tenía un poco como libro de cabecera, entre otros. María es súper certera en cada frase que escribe. Escribe de forma sintética, a latigazos, y eso es algo que me parece admirable y muy disfrutable. Lo recomiendo totalmente.

Sobre El Autor

Periodista cultural

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