Tras una larga gira de sala en sala y de festival en festival, Rufus T Firefly se dispusieron a concluirla en pleno centro de Madrid. La sala But fue testigo de lo que se denomina un verdadero concierto (uno de los mejores del año sin lugar a duda).

Tal y como nos comentaron durante la entrevista que les realizamos hace unos meses, decidieron tocar en esta sala porque “buscábamos una sala que se ajustase a nuestro sonido y eso es algo complicado de encontrar en Madrid”. Fue el fin a una extensa gira nacional presentando Nueve, su último y destacado larga duración. Tuvieron bastantes problemas para lanzarlo al mercado, pero la expectación que habían creado y la gran cantidad de seguidores que han recaudado a lo largo de los años, facilitaron en cuantía el lanzamiento del mismo.

Pero aquí no estamos para hablar de lo anterior, sino del presente: del pedazo de show que elevó a un altar a este grupo de Aranjuez. El bolo comenzó con una triste noticia, el abandono de Alberto Rey (teclados) de la banda por motivos personales. Pero eso no empañó el rock progresivo que se trasmitió canción tras canción, un bucle de sonidos místicos que nos trasladaron a  un universo Lie-E8. Los invitados, previamente anunciados por redes sociales, se fueron sucediendo a lo largo de la noche y artistas de la talla de Charlie Bautista (The Sunday Drivers o Egon Soda) o Ekain Elortza (Dinero) se pasaron por el escenario para deleitarnos a la guitarra y la batería respectivamente.

El último trabajo de la banda pudo escucharse en el Ochoymedio al completo y temas como Pompeya, Midori o Nueve ensalzaron el ambiente atmosférico que se vivió en la sala. Pero el punto álgido del bolo fue cuando se despidieron con El problemático Winston Smith con una serie de riffs de guitarras que nos dejaron a todos los asistentes con ganas de más. Los madrileños prometieron volver con más fuerza y con un nuevo disco, pero para eso habrá que esperar un tiempo hasta que decidan “irme al campo y olvidarme de todo”. 

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Sobre El Autor

Media cabeza pensante de esta locura, además de un intento de comunicador. Mi sueño: unir música y cocina en un solo concepto.

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