Pocas veces pensamos lo mucho que nos condiciona nacer y vivir en un determinado entorno, al que nos adaptamos y en el que a la vez nos sentimos en la obligación de amoldarnos en diferentes niveles humanos, que bailan entre el cultural, el sentimental y el ideológico.

El apellido Morente forma parte de un todo de idiosincrasias de nuestro país: el flamenco, ese arte tan virtuoso, tan reivindicativo y tan natural que pocas veces tenemos la oportunidad de disfrutar en su esencia más pura, esto es, sobre los escenarios. Bueno, eso es lo que nos creemos nosotros.

Todo consiste en buscar (de cara a una minúscula heterogeneidad de estilos musicales que escuchamos en la radio) y hallar bonitas joyas que conjugan estos orígenes y arte de manera simbólica y creativa. En un mar de curiosidad, buceamos para dar respuesta a qué es lo que empuja a un chico de 27 años que ha pasado de las cuerdas a los micrófonos a presentar, con responsabilidad, un disco que tiene el nombre del barrio en el que creció, en su Granada natal.

Charlamos con Kiki Morente, hijo del enorme Enrique Morente y hermano de Estrella y Soleá, quien debuta con ‘Albayzin’, un disco de cante clásico contemporáneo con el que el artista busca cicatrizar su propio estilo en un arte por el que han pasado y se han quedado (que eso es lo difícil) Camarón, Lole y Manuel y, recientemente, el fenómeno Rosalía.

 PREGUNTA.- Hemos leído que el título de este disco de presentación, ‘Albayzin’, proviene del barrio donde creciste. ¿Crees que con él es la mejor forma de crecer en la música?

RESPUESTA.- Sí, me siento muy acertado con ese título. Con él cuento lo que soy, de dónde vengo. Hemos intentado que tenga el color de allí aunque también incluye matices que recuerdan a ciertos tipos de flamenco y distintas partes de Andalucía, por eso intentamos sacar el jugo de todo.

P.- ¿Qué pretendes aportar tú, como artista, a un estilo tan determinado como es el flamenco? ¿Las ganas por hacer algo nuevo?

R.- Intento que con este trabajo se acerque toda la gente que no conoce el flamenco, la más joven, de mi edad, de mi generación.

P.- Son 10 canciones con una estructura que empieza y termina con Juan Habichuela a la guitarra y, en medio, encontramos a Pepe Habichuela. ¿Ha sido premeditado el orden de los cortes? ¿Tiene alguna intención?

R.- Son unas pautas que me dejó mi padre, un guion hecho para hacer mi trabajo. Recuerdo que me dijo: “Mira, Enrique, tienes que hacer un disco con los Habichuela. Haz dos cantes con Juan, un principio y un broche”. Existe una hermandad entre esta familia y los Morente. Con ese círculo se ve un poco cómo es la familia, de dónde vengo… y cuento con ello nuestra historia.

P.- Se me hace un poco difícil hablar del flamenco con sinónimos que no sean ‘género’ o ‘estilo’ aunque tampoco sé si esos términos son simples etiquetas y erróneamente puestas…

R.- Es muy difícil limitar un arte con estas etiquetas, son muy relativas. Cada uno tiene su estilo y su gremio y debe conocer si es fácil o difícil eso de atraer a la gente.

P.- ¿Crees que en el flamenco es más complicado esa atracción más allá de la espectacularidad? ¿Es difícil que se modernice?

R.- Lo bueno es que el flamenco ha tenido una evolución muy grande, es muy inmenso. Además, hay que tener en cuenta que existe una parte ortodoxa, los cimientos de aquellos que han creado esto, a la vezx que hay artistas que lo han llevado a otros campos, así que creo que es tan fácil como en los demás estilos musicales.

P.- ¿Con qué podría mezclarse el flamenco? A nivel melódico, se entiende…

R.- Esto es como un arroz, se puede hacer con marisco, con carne, o con los dos, tierra y mar. Siempre se puede jugar con la música porque para eso está, para dibujarla de la manera que quieras… hasta con un metal. Y está todo inventado. Hoy en día te puedes encontrar un conjunto de salsa, blues, jazz, rock… está todo muy ligado.

P.- Al hilo de esa paella musical, ¿cuál dirías que han sido los “ingredientes” que se han utilizado para crear a Kiki Morente?

R.- Lo primero, las pautas que me han enseñado en casa, tanto por parte de mi padre como por parte de la familia de mi madre. Vengo de una saga de guitarristas, mi abuelo lo era… mis tíos son artistas, como mi padre, mi madre era bailaora… por eso desde chiquititos conocemos la música como aprendemos a comer. Supongo que eso mezclado con conservatorio es lo que me ha hecho ser así.

P.- Es cierto que en el flamenco, a diferencia de en otras artes, la familia marca esas pautas y líneas de concepción de uno mismo. Es un elemento fundamental que lo determina y lo distingue de los demás.

R.- Los flamencos queremos que el arte perdure en la casa y desde pequeños nos ponen a bailar y a cantar en las fiestas. Digamos que es un estilo de vida que se manifiesta más que otros. En otras músicas , te hace falta saber partituras para hacerlas… pero en esto es un poco más salvaje, más natural. Te nace. Tiene una manera que la gente  lo puede contar sin haber estudiado antes una técnica.

P.- Entonces, ¿el flamenco no se estudia?

R.- También se puede, claro. Más que estudiarlo, debes trabajarlo. Es como todas las músicas. Ni peor ni mejor que las demás. Todas las músicas son buenas. Pero sí que es cierto que éste te hace bailar y emocionarte de una manera inexplicable. Por eso sigo currando a nivel teórico en ello, intento aficionarme cada día más al cante. Ahora estoy más enfocado al cante que a la guitarra. Mis primeros pasos fueron con ella, así conocí el escenario y fue lo primero que estudié en casa.

P.- Tus hermanas, Estrella y Soleá, te empujarían para ponerte a cantar… ¿Cuáles son las diferencias que encuentras entre tu música y la suya?

R.- Ellas me dan caña peor siempre me están apoyando. En casa estamos acostumbrados a compartir todo. No nos va a pillar nada de espanto porque venimos de escuchar de todo pero sí aprendemos cada día de cómo vamos desarrollándonos en la música. Cuando me junto con ellas me pongo a explorar y de repente me digo: “¡Hostias, voy a dejar de ser flamenco, me voy a meter al indie!”. Somos muy rockeros y flamencos, escuchamos de todo.

P.- ¿Hasta qué punto de ayuda o te perjudica llevar el apellido Morente? ¿Te exiges igual?

R.- Me ayuda mucho a recordar lo que soy y de dónde vengo y me gusta pararme a verlo y disfrutarlo. Desde luego hay que tener en cuenta que tienes una responsabilidad de mantener un legado y tienes presión por ello… te pones nervioso. Pero si no existen las ganas y los nervios, la ilusión es menor.

P.- Hablando con Alba Molina, que sacó hace un tiempo ‘Caminando con Manuel’, un homenaje a su padre Manuel Molina, nos comentaba que lo que diferenciaban las versiones de las canciones de Manuel frente a las originales era su iluminación. Pero si nos ponemos a pensar en un tablao vemos mayor desgarro y solemnidad. ¿Son estos dos los contrastes del flamenco?

R.- El flamenco es como el acento. Te vas a un sitio y escuchas un color, como en Jerez, que te cantan por bulerías. Te vas a Granada y escuchas tangos. Cuando nacen estas mezclas  surge una exporesión diferente que te permite encontrar contrastes en algo que parece igual.

P.- De cara a perspectivas de futuro, se me viene a la cabeza una imagen muy extendida en el mundo: la del asiático enamorado del arte español. ¿Te ves cantando en Japón?

R.- Asia es la única parte del mundo que no conozco y me da mucha curiosidad viajar allí a ver con qué me encuentro. Allí se lleva más el baile que el cante y me gusta mucho cantar para bailar, así que quizá me ponga en marcha con alguna compañía de baile.

P.- ¿Canciones enfocadas al baile? ¿Se diferencian mucho de las canciones enfocadas al cante?

R.- Claro, el estilo entre en el que canta para bailar y el que canta en solitario es muy difícil. Es otra dinámica, hay que respetar al baile en el primero. Se diferencian en el ritmo, las pausas, los tercios… más largos, más cortos. Cantar para bailar es un estudio. Quien quiere ser cantaor tiene que pasar antes por un canto para bailar. Todos los grandes cantaores han empezado su trayectoria haciéndolo para bailar. Donde coge protagonismo éste es cantando solo, con un guitarra.

 

 

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