Los conciertos de Kase.O son puras explosiones de verdad y reflexión. El rapero es capaz de disparar a todo y a todos, en sus letras, en sus gestos y en sus interacciones con el público. No dejó con cabeza a nadie en el cierre de su círculo este sábado en el WiZink Center, abarrotado de brazos que se balanceaban de adelante hacia atrás atrás, formando esa vanagloriada hermandad de la que puede presumir el ‘violador del verso’, que llenó hasta los topes el Palacio de los Deportes.

Fue un concierto memorable, desde la iluminación –acorde a cada tema y canción, verde para las crudas y críticas, roja y rosa para las más sensuales, blanca para las más solemnes–, hasta todo el gran conjunto de artistas del que se rodeó durante las efímeras dos horas y media del directo. Con él estuvo Momo, que fue el telonero, a los coros y constantemente sobre el escenario, Xhelazz, el maestro SHO-HAI, Rozalén, Najwa Nimri, Hermano L, Shabu One Shant y, cómo no, R de Rumba.

Sus bases, que mantienen un constante diálogo con los fraseos de Javat, se hicieron fundamentales una vez más durante la noche, en la que apenas hubo tiempo para el descanso sonoro. Daba igual, cuantos más temas mejor y eso mismo fue lo que prometió el rapero nada más subirse al escenario con el fondo de la Intro de su último disco, del que dio lo máximo. También hizo un repaso por algunas canciones de sus inseparables Doble V, que una noche más estuvieron para arropar a la estrella, que en ocasiones llegó a decir que “no era el ejemplo de nadie”.

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Una cosa es lo que piense y otras es lo que se vivió allí. Fue la señal de cada tema, la única dirección de pensamiento y reflexión, el sentido de la vida y la emoción. Pero para empezar con todo aquello, Kase.O lo hizo a lo bruto, con ‘Esto no para’ y ‘Yemen’ junto con Momo, a quien a lo largo de la noche hizo partícipe de su performance… como también fue protagonista del show ese feto extraterrestre con el que termina la primera canción de su segundo disco en solitario.

Bajó del mismísimo cielo una cápsula con una extraña criatura de nombre Félix en su interior, que dialogó en varias ocasiones con el propio Javat. El bicho no hizo sino caldear aún más el ambiente del WiZink y demostró que este tipo de excentricidades sólo podrían venir de la mano del artista quien, en realidad, es un gran performer de su espectáculo. Lo vivió, lo sintió de raíz y lo disfrutó como pocos lo hacen, notándose así el amor que le gusta generar.

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A pesar de que los nombrados artistas fueron sucediendo los capítulos de este concierto, el momento más especial definitivamente fue cuando interpretó ‘Mazas y catapultas’ junto a Rozalén, quien hizo de este arriesgado tema la mejor versión del disco. Ya lo dijo Kase.O durante la presentación de ‘El Círculo’ en diciembre del pasado año, cuando comentó que no tenía muy claro cómo iba a encajar un tema tan diferente a lo que venía haciendo estos años. Ayer pudo comprobar que fue uno de los momentos más especiales de la noche, con una brillante química con la vocalista de Albacete, que dibujó las melodías más aisladas del tema.

Cuando aún no habíamos recobrado el aliento con tal momento de lucidez, comenzó a sonar ‘Mitad y mitad’ y, sin presentaciones, apareció sobre el escenario Najwa Nimri para cantar de la manera más sensual lo coros de la historia de sexo más detallada jamás contada. Entre miradas cómplices y gestos de agradecimiento, se despidió de la actriz de ‘Los amantes del círculo Polar’ y continuó con su puesta en escena, esta vez junto a Xhelazz y Sho-Hai, que se emborracharon de rimas y alcohol en ‘Viejos Ciegos’.

Esta fue la mejor manera de dar paso al momento más solemne de la noche, cuando un foco de luz blanca iluminó a un artista derrotado sentado en una silla, solo en el escenario con ‘Basureta (Tiempos Raros)’. Con ella puso en evidencia lo difícil que es trasladar al papel o a la letra de una canción la sensación de sentirse como una mierda.

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A pesar de este escupitajo de sinceridad y jodienda, los ánimos no se relajaron para acoger con el mayor apogeo uno de los temas más cantados, recordados, imitados, añorados y celebrados de Violadores del Verso: ese ‘Cantando’, perteneciente al álbum ‘Vivir para contarlo’, que enganchó desde el principio se saboreó como un caramelo de memorias y esperanza. Sonó como recién horneada y colocó esa denominada guinda del pastel que tanto gusta reconocer en un concierto.

Para terminar, y después de varios soliloquios sobre el escenario en los que tuvieron cabida varias denuncias y llamadas de atención –creo que a todos nos quedó marcado aquello de “los que no son capaces de dar un toque o ir a visitar a sus abuelos son gonorrea–, Kase.O cerró su concierto ‘Repartiendo arte’, emblemático e hipnótico tema con el que dio a conocer la magia de su último trabajo. La mejor forma de cerrar su círculo.

Como bien dijo Momo, el ‘violador del verso’ tuvo la oportunidad de “llenar un sitio con 14.000 personas sin salir en las teles ni sonar en las radios”. No hay nada que rebatir ante esta pertinente reacción. Toque de atención con ella para los medios: lo fresco, renueva y lo repetido, aburre. A ver qué tan cierto tiene aquello de variedad… Enhorabuena Javat, tus triunfos son los nuestros.

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