6Nota Final
Puntaje De Lectores: (3 Votos)
5.3

Ellos pedían pausa y nosotros pedíamos más. Y no han defraudado.

Podríamos definir “Autoterapia” como la capacidad de un ser humano para localizar su propio problema, analizarlo y tomar la solución adecuada. Mikel Izal y su banda tratarán de enviarnos un ápice de espíritu introspectivo, un pequeño empujón hacia lo que de verdad queremos sacar de nosotros y mismos, y sobretodo, las ganas que necesitamos para conseguirlo.

La canción que abre el disco no podía ser otra que la misma que le da nombre, “Autoterapia”. Un congenio lírico basado en el más absoluto exilio moral, ‘simplemente dejaré que salga todo fuera y vaciarme’, amarrado a un terrible presente, ‘las densidades de mis infiernos’, y bajo la existencia de una bipolaridad personal destinada a un futuro incierto y peligroso, ‘que alguien me recuerde cuando me despierte dónde deposité mi otra parte’. Esta canción cuenta con la indispensable colaboración del famoso violinista Ara Malikian, que la hace más especial aun.

Conocida desde algunos días antes nos encontramos con “El Pozo”, con un estilo más propio de lo que nos había estado acostumbrando el grupo. Quizás inspirada en un propio pozo que se hayaba en el mismo estudio de grabación donde se realizó el disco, y donde pudieron grabar sonidos de batería a raíz del eco subterráneo. Dinámica, espontánea, guitarra estridente y batería presente, de esta manera tratan de extirpar esa culpa que a veces creemos tener, pero que en realidad nunca tuvimos, ‘ya me separo del envoltorio, de la inutilidad, del peso muerto…’, y donde deja muy claro que ‘ahí afuera buscaremos al malo’.

Y de la sensación culpable… Al éxtasis. ‘’Ruido blanco’’ cumple con los requisitos para enloquecer con ella en cualquier concierto de Izal, dicho por ellos mismos ‘nos afectan los modales de una muchedumbre apasionada’, y donde alcanza su clímax musical clamando que ‘somos rachas de viento eléctrico’. El otro punto lúcido y positivo líricamente hablando lo encontramos con “La increíble historia del hombre que podía volar pero no sabía cómo”, da hasta pereza leer el título entero, pero vale la pena escucharla mil veces. Representa la liberación, el valor para marcharse, ‘cojo los mandos y cambio de rumbo y salgo de la órbita oscura y espanto los malos augurios y el vaso ya esta medio lleno y vuelo alto’.

Pero salir de los problemas nunca es fácil, a veces nos encierran, como así lo cuenta “Bill Murray”, donde estamos tan acostumbrados a vivir con él que lo aceptamos e incluso llegamos a asignarlo hacia una sola persona ‘dentro de esta rueda que nunca deja de girar en fase’, ‘que se detenga el tiempo, que se detenga contigo’. O la capacidad para aceptar que hicimos las cosas mal, ‘’Temas amables’’ habla de la equivocación, de ese error que nos da miedo cometer, que ‘si no quieres fallar, no tires la primera piedra’, y que si alguien al final resultó ser quien no era, poder decir ‘gracias por dejarme equivocarme’.

Y por si no habíamos tenido suficiente autoterapia, “Pausa”. Al fin un cambio de sonido. Al fin Izal consigue evadirnos de otra manera. De la guitarra al trasfondo de coros, desde el compendio de antónimos hasta introducirnos en lo que realmente nos podemos encontrar en un día a día, hasta introducirnos en esa ‘jaula’. ‘¿Tú que sabrás, si no vives dentro de esta jaula?’. Una pausa que introduce otra de las piezas clave del álbum, ‘Santa Paz’, donde aquí ya no encontramos culpas propias, sino que (como diríamos coloquialmente) apunta directamente con el dedo, ‘llevando el veneno de tu voz, la que contamina con su doble moral, lengua de morfina’, y encuentro (esperado) de un cambio de rumbo, ‘tanta santa paz nos dejes como ruido, vendaval y terremotos lleves’.

En definitiva Izal nos deja un disco muy enriquecedor líricamente, quizás el que más desde sus comienzos allá por el 2010, sin haber perdido el estilo y con sorpresas de nuevos sonidos. Puede que algo ‘espeso’ para quienes gustan de letras más vivas pero sin duda especial para quienes les toca de cerca, pero eso también es lo que hace grande a los artistas, esa ‘asertividad involuntaria’ basada en experiencia propia, ese poder contar de otra manera lo que uno siente. Sin duda una autoterapia que sirve para despegar, y recordarnos que ‘flotando nada puede tocarnos’.

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