En una de esas oportunidades que nos regala la vida, viajamos al Festival Internacional de Cine de San Sebastián para descubrir (y presumir) de un conjunto de películas que seguramente no pasen desapercibidas por las salas de cine nacionales, siempre y cuando la distribución lo permita, claro.

Seguramente lo haga, ya que se trata de dos largometrajes dirigidas por realizadores europeos y producidas por un país del mismo continente: Francia. Ambas comparten diferencias y similitudes. En este último caso destacan tres: Isabelle Huppert, las disconformidades y los gatos.

La primera recibe el nombre de L’Avenir/ Things to come (El provenir), dirigida por la realizadora francesa Mia Hansen-Løve, ha conseguido este mismo año el Oso de Plata a la Mejor Directora en Berlín. En esta primera presentación, Nathalie (Huppert) es una profesora de Filosofía que comienza a poner en práctica lo que pretende impartir a sus alumnos desde que su marido se va con otra mujer.

The Arts Desk

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Es una mujer fría, capaz de hacernos reír desde su propia “desgracia”, indudablemente un personaje peculiar que hace lo que le da la gana, con un carácter invulnerable y tremendamente pacificador.

Antes que a sus hijos, prefiere a su genial e intelectual alumno Fabien (Roman Kolinka) y le da absolutamente igual lo que éstos piensen. Es una mujer que sabe evadirse de los demás, incluso de su madre Yvette (Edith Scob), quien sufre la cansina necesidad de sentirse atendida constantemente, algo que no puede cumplir su enorme gata negra (Pandora), que finalmente acaba en manos de Nathalie… pero por poco tiempo.

Porque lo que necesita demostrar esta película es que cada cosa tiene su ocasión y es inútil extender lo imposible. A partir de este momento nos enamoramos más si cabe de la actriz francesa, que sufrirá en sus propias entrañas esto de alargar más de lo normal los acontecimientos.

Es cuando pasamos a ver ‘Elle’, una de las grandes apuestas del festival, dirigida por Paul Verhoeven (‘Instinto Básico’, ‘Showgirls’, ‘El libro negro’), que formaba parte de la sección ‘Perlas’ (como ‘El porvenir’) donde competía por el premio con otros grandes realizadores como Hirokazu Koreeda con ‘After The Storm’, Pablo Larraín con ‘Neruda’, Emir Kusturica con ‘On the milky road’ o François Ozon con ‘Frantz’.

Chaosreigns.com

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Como es habitual en la filmografía del director neerlandés, ‘Elle’ nos presenta una historia de continuos sobresaltos y giros inesperados (aunque este punto a lo largo de la película vaya decayendo)  centrada en la vida de una mujer marcada por la desgracia que encuentra en la violación algo asombroso.

Y te lo cuenta tal cual. A Michèlle (de nuevo Huppert) no parece afectarle nada y es la propia fisionomía de la actriz lo que la hace creíble en su papel. Parece ser una película creada y escrita para una única interpretación, la de la intérprete francesa. Su propio semblante no hace sino sumar puntos a una personalidad dedicada a la seriedad como columna vertebral en el plano personal y profesional. Huppert absorbe la adaptación de la novela de Philippe Djian de manera asombrosa, sin medias tintas, una heroína del arte de la ambigüedad.

En ‘Elle’ no existen límites ante diferentes complejidades, en ocasiones es difícil de ver aunque la excepcional dirección de Verhoeven intenta (y lo consigue) demostrar que la crueldad puede formar parte de la rutina. El espectador se siente conmocionado ante la deshinibición de la actriz, que hace uso de la ironía de manera fantástica y verosímil.

Como en la anterior producción, en ‘Elle’ Isabelle Huppert es dueña de otro gato, una figura básica y esencial para entender el comportamiento de los personajes que personifica en cada película: misterio, oscuridad, irracionalidad. Quizá Nathalie y Michéle sean dos mujeres que necesitan este animal de compañía para recoger la quietud psicológica de sus mentalidades o, simplemente, sean conscientes de que los gatos son capaces de protegerles ante la negatividad. Porque lo negativo no es lo previamente establecido sino lo que le inquieta a cada uno. 

Sobre El Autor

Todo queda mejor en blanco y negro. Actitud y perspectiva son dos términos que suelen funcionar bien. Nada como el final de los 60. Marc Bolan, Bob Dylan y Jack White lo han hecho todo.

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