Fotografias de Alicia Perez y Marta Perez

Ha llegado el último mes del año, y con el frío, la decoración de Navidad y las cenas de trabajo; llega otra tradición que cada año va afianzando más fieles: el Intro Music Festival de Valladolid. Y, como todas las cosas, también este festival ha evolucionado: mismo recinto pero dos escenarios, un único día y 13 horas de música por delante.

Y es que el Intro Music Festival se presentaba con grandes expectativas. No hizo falta calentar motores, el ambiente festivalero se hizo notar desde media mañana en la Feria de Muestras de Valladolid. Mikel Erentxun, puntual, puso las primeras notas del Festival, combinando temas de sus últimos discos con clásicos renovados de Duncan Dhun para entusiasmos de sus fans, demostrando así que no vive anclado en el pasado como algunos de sus contemporáneos. Todo esto, acompañado por unos grandes músicos y la revelación de Marina Iniesta, una voz que se une a la de Mikel con gran acierto.

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En el mismo escenario Cigales le llegó el turno a Ivan Ferreiro, que continúa presentado su séptimo disco ‘Casa‘,  en el que no faltaron grandes éxitos de su carrera en solitario y el himno de Los PiratasAños 80‘ . El horario de mañana parece le gusta y disfruta del momento contagiando a un entusiasmado público. Cabe destacar que, durante este concierto, la organización tuvo que rectificar la situación de las cámaras de televisión ante las quejas del público en las redes sociales, ya que dificultaban la visión del escenario.

Después de descanso para comer, abrieron el horario de tarde en el escenario UVA el grupo local Cosmic Birds, un grupo con estilo Indie folk/pop cantado en inglés, los cuales presentaban su tercer album ‘Melt in Trees’.

Y le llego el momento a uno de los mejores grupos del panorama indie nacional: Rufus T Firefly. Los de Aranjuez se están afianzando como una apuesta segura en los festivales, con unos conciertos cada vez más maduros y completos, en el que nos hacen viajar por su psicodelia interna como si estuviésemos en el ‘Halcón Milenario’. Una vez entrados en calor con Rufus, y de vuelta al escenario principal, continuó la fiesta con León Benavente. Desde el primer segundo Abraham Boba no dejó ni un solo momento de animar al público y se los llevó de calle; a pesar de acabar de llegar de su viaje relámpago a México. Son pura energía y hasta los públicos mas tranquilos se contagiaron con la fuerza de la banda y sus canciones.

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Se hizo corto el turno de Leon Benavente, pero el público estaba esperando con ansia que comenzara Sidonie, los cuales les hicieron disfrutar como enanos de un gran concierto. Se nota que el grupo ha ganado musicalmente gracias a las últimas incorporaciones, sin dejar de ser el grupo divertido y espectacular que disfruta y hace disfrutar al público. Y es que este no paró de corear esas canciones que ya son míticas de la banda, con esas letras en las que se ríen de sí mismos y de tanto postureo que abunda en la escena indie.

Tras Sidonie, le llegó el turno a los veteranos del festival: MClan. Un clásico del rock en español, que demostró sus grandes dotes en directo, continuando la fiesta en la que se había convertido el festival gracias a canciones que marcaron hitos en la historia de la Edad de Oro del Pop-Rock Español. Y es que estos muchachos son atemporales, sus canciones suenan tan frescas como cuando las escuchamos por primera vez. Y los otros veteranos, La Habitación Roja, que cerraban el Intro Music Festival y, conscientes de ello, salieron a dar un concierto fin de gira muy fiestero y completo: comenzando suave, con alguna balada para entrar en calor, y terminando con fuerza, alegría y dejando al público con ganas de nuevas canciones.

En resumen, el Intro Music Festival se consolida como el Festival de Invierano, el cual no se ve afectado por las fechas, ni por las temperaturas; ya que con el calor humano en esa gran fiesta, el sonido perfecto, sin grandes fallos y siendo muy puntual en sus horarios; se está ganando cada vez a un público más fiel y comprometido. Esperamos poder repetir con ellos muchísimos años más, y que acaben poniendo a Valladolid como un punto de peregrinación obligado para el festivalero español.

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