8Nota Final
Puntaje De Lectores: (1 Voto)
8.0

Leve punteo de bajo, piano cómplice, coros ausentes de gravedad y efectos ‘espaciales’. Es lo que ha necesitado Franz Ferdinand para enviarnos directamente al 12 de abril de 1961, donde Yuri Gagarin disfrutaba de un sonido parecido al que nos ofrece el grupo al inicio de su nuevo disco con la canción que le da nombre, “Always Ascending“. Propio de un estudio instalado a bordo de una nave espacial, el grupo escocés nos introduce en una atmósfera sideral, llena de ritmo y dinamismo.

En este álbum encontramos canciones esclavizadas y armonizadas mediante un teclado que dirige prácticamente la totalidad de la pieza, como es el caso de “Lois Lane” que lo hace esencial en su estribillo, impregnándolo así de un ritmo rápido y un sonido especial. También lo encontramos imprescindible en “Glimpse of Love“, aparentemente una canción lenta en su introducción pero sorprendentemente conducida por el teclado.

Entre las piezas más simples pero que no pasarán desapercibidas encontramos canciones como “Lazy Boy“, con escasa elaboración literaria pero alimentada por una frenética discusión entre la voz y la guitarra que hará activar el instinto musical a los mayores fans del rock. Curiosamente podemos observar cómo es capaz de repetir hasta la saciedad “soy un chico vago”, un grupo que a lo largo del primer semestre del año se subirá más de 60 veces a los escenarios europeos y estadounidenses. A ésta última la sigue “Paper Cages“, con un piano propio de una canción de rap y acompañado de una insípida batería, alcanza su mejor momento en el estribillo al grito de ‘Step out!’.

Y si hay algo que le encanta a los fans de Franz Ferdinand desde su inicio en 2004 hasta nuestros días, esa es la voz hipnótica de Alex Kapranos. En este último disco podemos disfrutar plenamente de ella en canciones como “The Academy Award“, aclimatada por trasfondo de guitarra acústica y un ritmo más que plácido y convincente, una de las piezas clave, situada en el ‘ecuador’ del álbum. Pero es que si hablamos de Alex Kapranos no podemos olvidarnos de su elemento clave, de su fiel compañera la guitarra, y ahí es cuando entra a escena “Huck and Jim“, una compenetración perfecta entre guitarra y batería con ritmo dinámico y divertido que hace recordar a los mejores temas de la banda británica.

El punto más nostálgico y amoroso lo encontraremos justo al final del disco con “Slow Don’t Kill Me“, quizás la canción más bonita del disco, donde exige una muerte rápida, un escape del sufrimiento al que está sometido, ‘no puedo tomarlo con calma, no me mates lentamente‘. Si nos fijamos bien podemos observar efectos especiales similares a los ya escuchados en la primera canción del disco “Always Ascending”, lo cual nos hace pensar que el álbum nos ha querido encerrar perfectamente en una atmósfera, que ha conseguido transmitirnos todo lo que quería para al final volver a llegar a ese punto de encuentro, logrando así habernos evadido por un momento de nuestra vida real, haciéndonos escapar de lo malo, o sacando una sonrisa por lo que hoy tenemos y aun podemos disfrutar. Espero que disfruten de este disco, y que (no podía ser de otra manera) se mantengan ‘siempre ascendentes‘.

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