He estado a punto de olvidarme de escribir mi carta a los Reyes Magos. Me da igual que esté más cerca de cumplir un cuarto de siglo que de tener como referencia principal el Toys’ R’ Us. En lugar de dirigirme directamente a Sus Majestades de Oriente, tengo la intención de dedicarle un par de palabras a aquellos obstáculos que solemos pasar por alto la mayoría de las veces pero que, minutos antes de comerte las uvas -en el transcurso entre la cena y el café, esto es, tiempo muerto- te pones a pensar. Lo titularé ‘Estimado Estorbo’.

“Estimado Estorbo,

Lo que quiero contarte no es convencional pero tampoco tiene nada de estrafalario. Durante el pasado 2016 hice una lista de aspectos de la vida que me enferman como sujeto anónimo de la sociedad. El primero de estos puntos lo recogí hace apenas dos semanas, cuando fui a un concierto en la sala BUT de Madrid.

He de reconocer que soy muy impuntual y que, varias veces, esto me ha jugado malas pasadas pero, esta vez, tuve la suerte de no tragarme el concierto entero de los teloneros que, sin lugar a dudas, podrían haber sido un millón de veces mejores. Sin embargo, tuve la suerte de encontrar un buen sitio entre la gente que tiene complejo de estatua (problema 1) y los que piensan que tienes pinta de muro fronterizo (problema 2).

Me gustaría que este año 2017 esté plagado de buenos conciertos de esos en los que los músicos suenan aun mejor que en el disco, ya que varios hacen todo lo contrario. El grupo estuvo muy bien y los hubiera disfrutado más si la tipa que tenía delante de mí no tuviera estatura de modelo, una coleta que bien podría ser la cola de un caballo y una mochila de acampar que, sin entender por qué, llevaba en la espalda. No es por donde la lleve pero, ¿quién lleva una mochila más grande que un niño de primaria a un concierto?.

Entiendo que no quieras pagar ropero, que ya no se lleva pagar por guardar las cosas ni pagar por nada, para eso te lo gastas en cerveza (problema 3) pero, podrías tener la delicadeza de dejarla en el suelo y no incrustármela en la cara y demás partes del cuerpo que todos conocemos.

Fenomenal. Vayamos al segundo problema: las estatuas. Comprendo que un concierto entre semana sea una paliza pero ¿alguien me puede explicar la moda de colarse y plantarse como un arbusto delante de tu cara?. Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, os prometo que el tipo que hizo eso me acercó demasiado su reluciente calva, por lo que propongo una nueva norma: si te cuelas, baila. Demuestra que tienes la capacidad de respetar de alguna forma.

Quizás fuera mi culpa que no había pillado ninguna cerveza antes del terremoto musical pero os aseguro que no fue mi problema de pereza o mi insoportable mal humor aquella noche. Cuando fui a la barra a pedir algo, fui capaz de vislumbrar mi futuro, con la hipoteca de la casa para permitirme una copa en ese local. ¿El problema es el precio?: no, definitivamente no es el único, al menos. El vaso minúsculo por el que te dejas la cartera tiene la indecencia de albergar tres cuartos de su capacidad. Me encanta salir por la noche.

Aparte de todas estas pegas, me gustaría contaros otro de los graves estorbos del 2016: la música mala (problema 4). Gustos colores, eso está hecho, pero ¿qué problema hay en que uno de cada tres bares –ojo, no estoy pidiendo demasiado—ponga grupos que no sean reguetoneros?. Poco más puedo añadir a esta cuestión. Este punto puede conmutarse por indies discotequeros de letras lloronas.


6e2964ed704b90f777f40a7016d47613

Por último y, quizás, el más importante, me gustaría destacaros el tema de lo que denomino ‘pena hipócrita’ (problema 5). El año pasado nos dejaron todo tipo de personajes célebres, desde Bowie hasta Fisher. Para este nuevo período entrante, sería favorable que os deshicierais de aquellos sujetos que sienten tristeza por aquellos que nunca escucharon, nunca vieron actuar o nunca investigaron sobre su vida por el simple hecho de realizar lo que hace la masa.

Es increíble como ‘Space Oddity’ apareció en todas las redes sociales el fatídico 10 de enero, ‘Purple Rain’ el 21 de abril o ‘Hallelujah’ el 7 de noviembre. En mi opinión, es una suerte descubrir el trabajo de un artista en algún momento de tu vida (y de la suya) pero es una condena personal y profesional para el artista que solo se le recuerde cuando se cumple el aniversario de su muerte.

Con total seguridad, dentro de unos días volverán a increparnos todos los medios de comunicación con la conmemoración del primer aniversario del fallecimiento del Duque Blanco. Dos minutos más tarde la oleada destructiva de su persona y su obra, que obviamente va más allá de la citada canción, colapsará cada pantalla de nuestro móvil.

Por desgracia, es una predicción tan real como falsa es su intención de recordar su persona. Este tipo de colaboraciones denigrantes no hacen sino sumar la hipocresía de quienes lo consumen. Es algo similar a lo que ocurre en los grandes almacenes (problema 6). Basta con que alguien estire la pata para que suba el precio de toda la gama de productos que lo rodea: biografías, discos, pósters.

Por tanto, queridas Majestades, nada de lo que os he comentado no es novedad pero tampoco es convencional, porque con el paso del tiempo la sociedad ha tomado por normal lo que es amoral y, encima, tiene la indecencia de desear que cambie. Así, en una atmósfera de inconformismo ‘publicado’ y conformismo extendido, cerraremos este artículo bajo el subtítulo ‘la rentabilidad del estorbo’.

Quedo a la espera de que, al menos, uno de estos seis objetivos modificables evolucione favorablemente durante este nuevo año 2017.

Con cariño y esperanza,

Una observadora afligida”

Foto: Concepto Radio

Sobre El Autor

Todo queda mejor en blanco y negro. Actitud y perspectiva son dos términos que suelen funcionar bien. Nada como el final de los 60. Marc Bolan, Bob Dylan y Jack White lo han hecho todo.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.