Con cuatro tramas basadas en cuatro capítulos en los que podría resumirse una vida, la obra de Íñigo Guardamino nos acerca a una estrambótica crítica hacia aquello que se espera que nos aporten las distintas fases de nuestra existencia. La representación sorprende con una apuesta un tanto pretenciosa, que nos hace caer en el desconcierto con alguna que otra expresión -y acción- malsonante fuera del tono general del discurso.

El nacimiento de un hijo con cabeza de perro conducirá a la discordia a unos padres con diferentes puntos de vista sobre las implicaciones de contar con un individuo “diferente” dentro de la familia.

La toma de conciencia como un individuo adulto de una niña que acaba de hacer la comunión, se muestra en la obra como el nacimiento de la maldad, la pérdida de la inocencia en su faceta más egoísta e incluso, podríamos decir, siniestra.

El momento del matrimonio es otra de las fases caricaturizadas por Guardamino. El intento por hacer del día de su enlace una representación del alcance de su amor, se torna en una viva imagen del esfuerzo, tan generalizado en la sociedad del momento, por hacer de una vida una historia en Instagram.

La muerte adquiere el papel y la trama más completa e ingeniosa de la obra; ante la falta de pesar en el rostro de un viudo, la empresa que ha filmado el funeral de su esposa le llama para rodar de nuevo.

Por último, Corea del Norte entra en escena de la mano de la que parece ser una simpatizante del régimen de Kim Jong-un. Estas apariciones sacan de contexto al espectador y, aunque finalmente parecen servir de comparativa entre las “libertades” entre un país y otro –uno atado por la era de la difusión y la sobreinformación, el otro por todo lo contrario- no logran el efecto deseado.

Este es un país libre y si no te gusta vete a Corea puede verse todos los sábados y domingos de marzo en la Sala Nave 73


Fuente imagen principal: Notodo.com

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