El humo fue lo primero que los asistentes al toledano Círculo del Arte pudieron apreciar el pasado 23 de abril. El Columpio Asesino se caracteriza por crear una atmósfera asfixiante: sus canciones enrarecen el aire e inquietan desde la primera nota. Eso sucedió cuando, antes incluso de que los integrantes de la banda saltasen al escenario, la introducción de Babel puso en alerta al público (siendo generosos, la sala estaba al 60% de su capacidad).

En ese instante, Álvaro Arizaleta, Raúl Arizaleta, Iñigo Sola, Cristina Martínez y Daniel Ulecia salieron a la palestra y desgranaron “Ballenas Muertas en San Sebastián”, su quinto álbum de estudio con el que llevan girando un año. La banda interpretó la práctica totalidad del disco: Babel, Escalofrío, Ballenas Muertas en San Sebastián, Susúrrame, Entre Cactus y Azulejos, A la Espalda del Mar, La Lombriz de tu Cuello. En esta primera parte del concierto el sonido fue por momentos mejorable (el pad de percusión que golpeaba con rabia Cristina Martínez debería haber sonado más alto, por ejemplo). No obstante, el grupo aportó entrega y calidad de sobra para compensarlo.

A la vez que el humo se hacía más denso, el ambiente en el concierto se impregnaba de tensión y energía. El Columpio Asesino logró, mediante sus canciones y su cruda interpretación, encender a un público que ya venía ganado de casa. No faltó quien corease los temas más celebrados de los pamploneses, más aún cuando empezaron a desfilar hits pertenecientes a sus trabajos anteriores. La contención que domina su último disco estalló por fin. Fue el turno de Perlas, Diamantes, Toro, La Marca en Nuestra Frente es la de Caín, Your Man is Dead, Edad Legal, Motel, Floto… El sudor y la adrenalina se hicieron patentes tanto arriba como abajo del escenario. Para finalizar el recital, interpretaron su salvaje y particular versión del Vamos de Pixies, que levantó todos los pies del suelo.

La bofetada de ruido que El Columpio Asesino asestó a los allí presentes fue descomunal. La banda puso de manifiesto, una vez más, que son uno de los mejores grupos de rock del país, así como uno de los más en forma en directo. De este modo, las señas de identidad del grupo se reflejaron y se acentuaron sobre las tablas: los susurros y aullidos vocales, la alternancia de voces masculina y femenina, las guitarras punzantes y arrolladoras, la percusión violenta pero precisa, los sintetizadores como sustento de las canciones (bien acompañados por el bajo), etc. Incluso, el puntual y certero relincho de una estrepitosa trompeta.

Al igual que los haces de luz se abrieron paso entre la nebulosa formada por el humo potenciando el misterio y el éxtasis, su música cruda y oscura abraza las melodías pop para producir auténticas perlas que sitúan a El Columpio Asesino en un lugar de privilegio. Pasen y disfruten de una banda en estado de gracia.

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