Sabes que una canción te llega al alma cuando expones como referencia episodios propios de mayor o menor borrosidad que te recuerdan lo jodido que ha sido tu camino para llegar aquí y lo agradecido que debes de estar por no haber llegado tan tocado del ala. Quizá no ha sido tan mal viaje como piensas y en realidad te ha salido bien la jugada.

De entre las muchas canciones que recogen los álbumes de aquellos desconocidos Beatles siempre se descuelga una en concreto cuando nos ponemos a hablar de George Harrison… esa es Something. Parece mentira que un tema tan (hablemos con claridad) simplón en la inmensa y aún así corta trayectoria profesional del llamado “beatle tranquilo” sea una de esas que aparecen en las listas imprescindibles para recordar a este músico que se fue demasiado pronto y hoy hubiera cumplido 75 palos.

Hace unos días, la que fuera su mujer Pattie Boyd, a quien conoció en el rodaje de ¡Qué noche la de aquel día! y más tarde fuera esposa del también amigo de Harrison Eric Clapton, dijo que el beatle fue el amor de su vida y que precisamente este mencionado tema, como bien es sabido, lo compuso con ella por protagonista… pero lo hizo, al contrario que el ex Cream con Layla de una manera sutil, de forma que hasta que Harrison no terminó de escribir ‘Something’ no supo que sería para ella.

Y, a pesar de que las entusiastas palabras de una evocadora y suertuda Boyd parezcan fuera de contexto de este artículo conmemorativo por el cumpleaños de Harrison, lo cierto es que me gustar hacer mención especial a este sutil al que hizo referencia la musa de ojos azules.  Porque si hay algo que marcó la vida de Harrison fue este rasgo de dibujo a mano alzada fundamental en la evolución melódica, lírica y morfológica de la banda de Liverpool.

George

Como cientos de libros y escritos destacan, el creador de magistrales temas como Taxman, While my guitar gently weeps, My sweet lord o la mal imitada Across the universe no tuvo facilidades para competir con los dos cerebros y egos de los Beatles. Nunca perdonó el ninguneo al que fue sometido pese a ser la mente más creativa del grupo pero ello le llevó a cerrar la puerta ante posibles reuniones de la banda… e hizo bien. Su vida después de los Beatles, tan fructífera como apaciguada le hizo crear obras más o menos prescindibles entre las que, indudablemente, sobresaleAll things must pass’ (1971).

Ya el primer corte de este inconmensurable demuestra esa sutileza a la que tal vez se refería Boyd durante esa celebración del 50 aniversario del viaje a la India que cambió para siempre las vidas del grupo pero en especial, de nuevo, la de Harrison. El interés por esos sonidos orientales, el beber directamente del hunduísmo y las buenas migas que hizo con Ravi Shankar no hicieron sino potenciar la principal característica del músico: la curiosidad.

Ese mismo año, 1971, con los Beatles ya desintegrados, Harrison puso en marcha el primer concierto benéfico de la historia, que sería dado a conocer y filmado bajo el nombre de Concert for Bangladesh en el Madison Square Garden, reconocido como el mejor directo grabado por la revista Rolling Stone. Un pionero. Mientras sus compañeros de reparto se movían en el recuerdo del bombazo beatle, especialmente John Lennon con su esposa y protagonista de la manifestación más extraña de los tiempos en el Bed-In del edificio Dakota (donde años más tarde, en 1980, sería asesinado), Yoko Ono, Harrison estaba creando, moviéndose, dando voz a ese “beatle silencioso” inútilmente apodado, dada su enorme sensación de insatisfacción profesional que le llevó a recorrer las lindes más creativas e interesantes del pasado siglo XX.

Una vez contada parte de la historia que se me viene a la cabeza sobre George Harrison, me dirijo a ti. Te estarás preguntando “¿de qué me está hablando? ¿Qué tiene que ver con la música de la actualidad?” Que, se supone, es la razón de ser de este espacio de comunicación… Pregúntale a cualquier artista cuáles son sus influencias musicales. Aquellos que, de verdad, incluyan a los de Liverpool en su repertorio de cachitos-casi-copiados en sus canciones profundizarán más en el autor de I, Me, Mine.

Tampoco es casualidad que un tiburón del cine como es Martin Scorsese haya decidido en varias ocasiones dedicar su tiempo a esta figura del siglo XX. Las casi tres horas y media de metraje de ‘Living in a material world’ (2011) dan buena cuenta de la obsesión del director de Toro Salvaje o Uno de los nuestros por el músico, recordando de nuevo que al realizador con más palabras por minuto jamás vistas siempre se ha interesado por personajes peculiares y, en definitiva, sutiles.

Quizá este amor y necesidad por la velocidad tengan algo que ver en una de las escenas más famosas de ésta última, cuando Henry y Karen Hill recorren las calles de Nueva York intentando esquivar helicópteros para evitar ser pillados con cocaína. Scorsese puso el ‘What is Life’ de George Harrison como fondo musical a una carrera frenética por el despiste y el escapismo. Poco o nada tiene que ver la letra de la canción, poco o nada tiene que ver el ritmo, la sensación… pero sí define aquello a lo que hacíamos referencia al comienzo de este texto: que hay canciones que nos hacen pensar cómo hemos llegado hasta aquí.

Y George Harrison es especialista en trasladarnos. O en trasladarse con nosotros.

Felices 75.

 

 

Sobre El Autor

Todo queda mejor en blanco y negro. Actitud y perspectiva son dos términos que suelen funcionar bien. Nada como el final de los 60. Marc Bolan, Bob Dylan y Jack White lo han hecho todo.

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