Llegó el viernes con un tiempo más que aceptable por el camping, aunque todos mirábamos preocupados al cielo por la que se avecinaba. Subieron las temperaturas en la estepa albaceteña, eso es cierto, pero lo compensó trayendo una lluvia fina que no paró en cerca de 20 horas. Nubes y claros que no empaña al Viña Rock. 

Ataviados con lo que consideramos al salir de la tienda que sería buena ropa de batalla (vaya error), pusimos rumbo al recinto.
Comenzamos viendo Los Zigarros, con un espectáculo con una calidad técnica muy decente, pero que no viven el momento de su estilo dentro del panorama nacional. Hemos podido comprobar en todo el festival como lo alternativo no está ajeno de movimientos o incluso modas. Los grupos “festivaleros”, grandes bandas, vientos metal, acordeones y las clásicas guitarra-bajo-batería llenan los escenarios. Ahora mismo cuesta hacerse con un hueco para grupos como Los Zigarros, aunque lo recomendamos como escucha para descubrir nuevos, o pasados horizontes.
Rezando porque la lluvia parase, nos dimos una vuelta por las partes del recinto que no habíamos podido visitar el viernes. El Viña Grow fue una bonita sorpresa. Una actividad diferente, donde se fomentan juegos y algo de compra junto a conciertos que convierten a este oasis un sabor especial.
Y del oasis, tuvimos que lanzarnos al mar de nuevo. Llegamos a Porretas. El grupo madrileño sigue siendo la misma apuesta que hace algunos años, y eso no deja de ser una seguridad. Un directo fluido, cuidado y que parece sencillo para el espectador por los kilómetros que arrastra el propio show. Sus temas siguen sonando con fuerza pase el tiempo que pase (mención especial a Jodido Futuro y Porretas). El punto emotivo del concierto se puso en la canción dedicada al Rober, al que Porretas le sigue dedicando cada uno de sus directos.

Reincidentes -Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión

Reincidentes -Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión

Decidimos cambiar de tercio, y tocaba visitar a El Chojin. Uno de los raperos más mediáticos de los últimos momentos, pero que sigue manteniendo el estilo que le ha llevado a donde está. Un show cuidado, con música en vivo que ensalza la complejidad de rapear en directo y no hacerlo con música prácticamente enlatada. Volvió, una vez más, a hacer vibrar a todos los asistentes con su “Ríe Cuando Puedas, Llora Cuando Lo Necesites”.
Volvimos a tener ganas de mojarnos y esta vez tocaba con Reincidentes. Un mito de los festivales y que sigue consiguiendo buenos horarios dentro de los festivales. Sensación agridulce en esta ocasión. Reincidentes siempre suena como tiene que sonar (salvo varios acoples durante todo el show que son imperdonables para un grupo de su altura y trayectoria), pero en cierto momentos parece estar despersonificado, como si tocasen con el piloto automático. No podemos decir que fuese una música poco empastada, o con fallos de concentración, pero sí da la impresión de llevar practicándose tantos años encima de los escenarios que solo entra la plaqueta y a tocar a piñón. En varias ocasiones Fernando habló (cierto que nunca han destacado por realizar muchos comentarios durante los conciertos) de lo feliz que estaba de tocar en Villarrobledo, pero nos queda la duda de si es suficiente. Aun así, insistimos, Reincidentes siempre cumple, y los pogos formados bajo la lluvia dan buena cuenta de ello. Eso, unido a sus inmortales “La Republicana”, “Vicio” o “Jartos D’ Aguantar” vuelven a colocarlos como un acierto.
Llegó La Gran Pegatina, nuevo formato de la banda de moda. La Pegatina en el Viña Rock despierta sentimientos encontrados: por un lado, tienen un estilo que no llega a cuadrar del todo. Pero por otro, vaya show. La Gran Pegatina sabe lo que hace, comenzando por lanzar confeti para atraer la atención apenas a los 15 segundos del concierto, saben moverse dentro del escenario y llevarse al público con ellos. Son miembros suficientes como para no poder estar atentos a todo lo que ocurre, y tienen un show frenético que justifica con mucha suficiencia la cabeza de cartel – junto a La Raíz- que el Viña Rock les había otorgado. Muy buena nota, quizás la mejor puesta en escena de lo que pudimos ver.

 La Pegatina por MASKEROCK

La Pegatina por MASKEROCK

Mientras La Pegatina tenía a gran parte del aforo con ello, Hamlet, arrastrados a un horario y una duración de show que no les correspondía hacía la delicia de los que decidieron ser fieles al estilo y verlos en directo. Como pega, alargaron el show a hora y media con todos los medios que tuvieron al alcance. En muchas ocasiones se notó que trataban de estirar al máximo el reloj. Sin embargo, siguen en completa forma, y demostraron que ante el mal tiempo, responden con la suficiencia que se espera de un grupo de su trayectoria.
Tote King y Shotta por separados son una apuesta segura. Pero cuando dos hermanos raperos de altura se juntan sobre un escenario, saben liarla y calentar el ambiente. Pudimos verlos de pasada mientras cenábamos y nos reponíamos, y fue suficiente para arrepentirnos de ser humanos y tener que descansar. Nos lo ponemos como cuenta pendiente para futuras ocasiones.
Y menos mal que habíamos guardado fuerzas, porque Def con Dos no dio tregua. Apuestan siempre por el virtuosismo musical y saben rodearse de músicos para que les salga bien. Un conciertazo sostenido por las voces de César Strawberry y Peón Kurtz que saben empastar sus voces y destacar entre los dobles bombos, solos de guitarra y virtuosismo del bajo. Parar no está permitido viendo a los vigueses.
Cerramos con The Locos. Puede ser el cansancio, pero da la impresión que la promesa de Ska-p + Boikot no llega a cerrarse en nada concreto. No estuvieron muy coordinados aunque siempre animados, como no podría ser menos. Una buena apuesta para cerrar un festival, aunque también la incesante lluvia pudo empañar un poco su actuación.
Y con esta paliza nosotros ya descansamos tumbar los cuerpos en algo más o menos blando mientras seguíamos oyendo llover, y mientras oíamos el Anti Viña que llenaba completamente cada rincón del camping. Para gustos, los colores. Nosotros a descansar, todavía nos quedaba un día muy grande por encima. Como aperitivo, el día grande, la cabeza de cartel más esperada desde hacía años, despedidas, etc…
Y se escondió la lluvia y volvió a salir el sol.

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