28 de abril,

por fin comenzaba el Viña Rock. Esta XXI edición prometía estar a la altura de las anteriores, sobre todo teniendo en cuenta que se ha convertido prácticamente en el único festival alternativo de rock-punk-metal-rap que tenemos a nivel estatal. La tradición y el éxito año a año hace de este evento, que lleva camino de convertirse en leyenda, una parada obligada para los amantes de la música alternativa.

Después de la resaca musical del miércoles en el camping, abrían las puertas del recinto ViñaRock en Villarrobledo (más adelante, hablaremos de la espectacular respuesta que tienen año tras año los vecinos de esta localidad albaceteña con la música que invade sus calles).  Como siempre, el recinto ha cumplido con las expectativas y con la masa de asistentes (200.000 según datos de la organización). Un recinto asfaltado, con los escenarios separados para que la acústica se respete en todo momento, con sitios para que los asistentes puedan comer, relajarse tumbados y, no conviene olvidarse, totalmente provistos de WC y barras para que el ciclo de reponer y vaciar líquidos sea fácil a lo largo de toda la etapa del festival.

Conviene comentarlo en este punto para poder dejarlo claro y no volver sobre ello: la organización del Viña Rock tiene solera, y eso se nota en cada uno de los detalles, en la organización de entrada/salida, en la información de los trabajadores y la realización de sus tareas, en la música y en la colocación del espacio: realmente hablamos de una celebración musical montada con mucho criterio.

Comentado todo lo estructural, es necesario empezar a pasar por los aspectos musicales, y desde Indigestión Sonora hemos intentado estar allí contándoos cómo ha sido todo el festival, para que podáis rebatirnos si fuisteis o sentiros dentro de Villarrobledo si os tocó quedaros en casa.

Desgraciadamente, era un poco tarde cuando desembarcamos en el Viña Rock, y aunque las ganas de festival acompañaban, no así el tiempo, con un viento cruel en la estepa albaceteña. Era el momento de comenzar a moverse y estaba La Fuga por allí. Ver a los de Reinosa es una sensación muy extraña, mantienen las canciones antiguas y el mismo concepto, pero han perdido la fuerza y el desgarro que irremediablemente se marcharon con Rulo. No se les puede imputar fallos técnicos, ni tampoco falta de intención, pero para los que recordamos La Fuga en los momentos en que tanto pudo haber sido, duele un poco. Finalmente se acaban coreando todos sus temas con toda la potencia que permite la voz, pero siempre faltará ese “algo” de este grupo que no puede superar un pasad del que actualmente no se encuentra a la altura.

Foto Alberto Aznar www.maskerock.com

Foto Alberto Aznar www.maskerock.com

Con lo precipitado del viaje, teníamos que reponer fuerzas, por lo que la siguiente parada fueron los Berri Txarrak, Todos sabemos, y no nos cansamos de recordarlo, que este grupo es un ejemplo de la crueldad musical. La industria musical castiga duramente a los grupos que cantan en castellano, limitando mucho su proyección. Componiendo en vasco es aún más complicado, y es el caso de Berri Txarrak. Siempre con su decisión hacia delante, y hablando en las pausas del concierto en castellano también, son increíbles a nivel técnico, vocal y musical. Son capaces de llenar un escenario con una guitarra, un bajo y una batería. Un grupo del que cuesta elegir si gusta más el directo o el sonido de estudio es un grupo que hace muy bien las cosas, y esperamos que sigan por este camino y la música les devuelva lo que les debe.

Y vino el festival, con Trashtucada. Caía ya la noche y qué mejor que combatir el frío con los de Chiclana. Ganan en fiabilidad musical, y siguen siendo interactivos y muy cachondos. La apuesta por la música del buen rollo y la denuncia social es una mezcla que en los festivales se aprecia y se agradece. Su última canción, De Festi Vale, es una pura imagen de lo que supone Trashtucada, que ha sido capaz de componer un tema bandera que suena en cualquier coche que se dirigía hacia Villarobledo. Animadores y animados, realizaron un buen concierto.

Llegaba Boikot y los esperábamos con miedo. De todos es sabido que los madrileños pueden tocar el cielo en sus conciertos o pasar por ellos sin pena ni gloria: tocó cielo. Movimiento constante, temas míticos detrás de otro, en un crescendo de espectáculo en el que parecía no haber lugar para otro tema mítico hasta que éste llegaba. Esta vez sí estuvieron acertados, esta vez sí sonó el Boikot de empaque musical, de virtuosas baterías y acordeones, de coros medidos y de tracklist trabajado. Un placer poder escucharlos.

Foto by @trashtucada

Foto by @trashtucada

Por último, cerramos el día con Vendetta. Se siguió con el estilo que había predominado en el día, y de nuevo las letras reivindicativas llegaban al escenario, junto con un movimiento escénico que animaba mucho a todo el que se atrevió a combatir el sueño y el frío, con batucadas en el concierto y adaptaciones de temas que más se parecen a verbenas que a otra cosa. La fórmula funciona y casi todos los grupos del estilo lo utilizan. En el caso de Vendetta, con mucho criterio.

Así, sin quererlo, eran las 5.00am y tocaba descansar. Villarrobledo nos había regalado una buena tarde y una mejor noche de música y también un frío que solo se combatía en los pogos que Trashtucada, Boikot y Vendetta nos regalaron. No nos podíamos quejar, el viernes llegaría la lluvia.

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