Hacía tiempo que veníamos escuchando a Whitney Rose (Canadá, 1986) y fue el pasado sábado 21 cuando pudimos verla en directo, donde, por cierto, gana mucho más que en sus discos de estudio. Esa mujer de ojos enormes y sonrisa tímida se subió al escenario junto a su banda para hacer un recorrido por ‘Rule 62′, su tercer y último disco, en el que revisita algunos sonidos perdidos del folk, acompañados por vientos sureños de country sobre bases que recuerdan a la firmeza de artistas como Nancy Sinatra y Bobbie Gentry.

Con esta última comparte pasión por lo retro y lo vintage. De ella se dice que es la última vaquera del country americano y eso bien lo saben sus sus seguidores, que se molestaban cuando se escuchaba de fondo el barullo de los presentes. Me parece bien, es lo correcto, puesto que una voz tan delicada como la de Rose es para escuchar, más que comentar. Si bien es cierto que supo combinar muy bien los distintos ritmos que presenta en su discografía, a la canadiense afincada en Texas le faltó algo de ritmo.

No faltaron en su repertorio canciones refinadas de especial detalle como You Don’t Scare Me y Better to My Baby, que se entrelazaron con otras de acelerado ritmo como Time To Cry o Can’t Stop Shakin’ pero quizá dejó la sensación de que podría haber incluido algún tema más de bailar que de escuchar. No obstante, esas canciones de escuchar (y entender, ya puestos), son las que ella mejor sabe defender, son las que le pone ese pedazo de alma que dice conservar en sus canciones de desamor y medio venganza.

Conviene mencionar que la artista, muy bien recibida y arropada en España, donde ha reconocido estar muy feliz e ilusionada (ay, nuestro sol y nuestra comida…) contaba con el beneplácito de Manolo Fernández, locutor y director del programa Toma Uno. ya con eso, y sabiendo el ojo y el buen gusto de este amante de la música, poco más se puede añadir.

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